Fe en Dios

Reflexion del evangelio de hoy | ¿Es posible que no haya un camino de la vida eterna dentro de la Biblia?


Reflexion del evangelio de hoy |  ¿Es posible que no haya un camino de la vida eterna dentro de la Biblia?

La Biblia es testimonio de la obra de Dios; sólo por medio de leer la Biblia los creyentes en el Señor pueden llegar a reconocer que Dios creó los cielos y la tierra y todas las cosas, y son capaces de ver las maravillosas obras de Dios, Su grandeza y omnipotencia. La Biblia contiene muchas palabras de Dios, así como testimonios de las experiencias del hombre; pueden proveer sustento para las vidas de las personas y gran edificación, así que a lo que me gustaría buscar es, ¿en realidad podemos alcanzar la vida eterna por leer la Biblia? ¿Es posible que no haya un camino de la vida eterna dentro de la Biblia?

Respuesta:

Leyendo la Biblia hemos entendido que Dios es el Creador del cielo y la tierra y de todas las cosas y empezamos a reconocer Sus maravillosas acciones. Esto es porque la Biblia es un relato sobre las dos primeras etapas de la obra de Dios. Es un registro de la palabra y obra de Dios y el testimonio del hombre en la Era de la Ley y la Era de la Gracia. Así que la Biblia es muy importante para nuestra fe. Piensa en ello, si no fuera por la Biblia ¿cómo podríamos llegar a entender la palabra del Señor y a conocerle? ¿De qué otra manera podríamos ser testigos de los actos de Dios y desarrollar la fe verdadera en Él? Si no leemos la Biblia, ¿cómo podemos ser testigos del testimonio verdadero de todos los santos que han obedecido a Dios a través de los tiempos? Por tanto, leer la Biblia es esencial para practicar la fe, y ningún creyente en el Señor debería alejarse de la Biblia. Podría decirse que el que se aleja de la Biblia no puede creer en el Señor. Lo confirman las experiencias de los santos a través de los tiempos. Nadie se atreve a negar el valor y el significado de leer la Biblia al practicar la fe. Por eso, tanto todos los santos a lo largo de los tiempos como los creyentes consideran que leer la Biblia es un asunto muy importante. Algunos llegan a afirmar que leer la Biblia y orar son tan imprescindibles como las piernas para caminar, sin una de las dos seríamos incapaces de avanzar hacia adelante. Pero el Señor Jesús dijo, “Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40). Algunas personas están confundidas, piensan que como la Biblia es un registro de la palabra de Dios y un testimonio del hombre, leerla nos debería dar la vida eterna. Entonces ¿Por qué el Señor Jesús dijo que no había vida eterna en la Biblia? En realidad, no es una idea tan complicada. Siempre que entendamos la historia interna y la esencia de la palabra y obra de Dios durante la Era de la Ley y la Era de la Gracia, así como el efecto que se consigue a través de ellas, nos daremos cuenta de forma natural de por qué no se puede recibir la vida eterna leyendo la Biblia. Durante la Era de la Ley, Jehová Dios estaba ocupado primordialmente en promulgar leyes, mandamientos y decretos para que el hombre los siguiera. Sus palabras eran principalmente una especie de guía para que la humanidad, todavía en su infancia, viviera en la tierra. Estas palabras no pretendían cambiar el carácter vital del hombre. Así que las palabras de Dios durante la Era de la Ley tenían como objetivo que la gente obedeciera las leyes y mandamientos. Aunque esas palabras eran verdad, representaban solamente una verdad muy rudimentaria. Durante la Era de la Gracia, las palabras y obra del Señor Jesús se centraban en la obra de redención. Las palabras que Él expresó se referían a la verdad de la redención y le enseñaban a la gente que debían confesar sus pecados, arrepentirse y evitar pecar y hacer el mal. Tales palabras también enseñaban a la gente la forma correcta de orar al Señor y exigían al hombre amar al Señor con todo el corazón y el alma, amar al prójimo como a sí mismo, ser tolerante y paciente, y perdonar a los demás setenta veces siete, etc. Están todos incluidos en el camino del arrepentimiento. Por tanto, leyendo la Biblia solo podemos comprender la obra de Dios durante la Era de la Ley y la Era de la Gracia. Nos damos cuenta de que Dios creó todas las cosas y aprendemos a vivir en la tierra y a adorar a Dios. Entendemos qué es el pecado, quién está bendecido por Dios y quién maldecido. Sabemos cómo confesar nuestros pecados y arrepentirnos ante Dios. Aprendemos humildad, paciencia y clemencia, y que debemos cargar con la cruz para seguir al Señor. Vemos con nuestros propios ojos la piedad y compasión ilimitadas del Señor Jesús, y nos damos cuenta de que únicamente mostrándonos con fe ante el Señor Jesús disfrutaremos de Su abundante gracia y verdad. La palabra y obra de Dios durante la Era de la Ley y la Era de la Gracia tal y como se registran en la Biblia eran la verdad expresada por Dios según Su plan para salvar a la humanidad y las necesidades de la humanidad de la época. Estas verdades fueron absolutamente incapaces de cambiar nuestro carácter vital y permitirnos obtener la purificación, salvación y perfección. De este modo, la palabra expresada por el Señor Jesús durante la Era de la Gracia debe tomarse únicamente como camino para el arrepentimiento, pero no para la vida eterna.

¿Cuál es entonces el camino de la vida eterna? El camino de la vida eterna es el camino de la verdad que permite al hombre vivir eternamente, o sea, que le permite soltarse de las ataduras y limitaciones de su naturaleza pecadora, cambiar su carácter vital y conseguir la verdad como vida, liberarse totalmente de la influencia de Satanás y ser compatible con Cristo. Permite al hombre conocer, obedecer y reverenciar a Dios hasta el punto de no volver a pecar para oponerse a Él o traicionarle. Solo el camino que consigue estos resultados puede llamarse el camino de la vida eterna. Las personas mueren como consecuencia del pecado. Si el hombre consigue la verdad como vida y resuelve el problema del pecado, Dios le bendecirá con la vida eterna. Así que solamente recibiendo la salvación de Dios en los últimos días podemos disfrutar de la vida eterna que Dios le concede a la humanidad. El Señor Jesús dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Juan 11:25-26). Esto demuestra que la vida y la muerte del hombre están en manos de Dios. Esta es la autoridad de Dios y ningún hombre puede cambiar su propio destino. Sólo aquellos que alcanzan la salvación al aceptar la obra de Dios en los últimos días y obtienen la verdad como su propia vida pueden obtener la vida eterna. Esta es una certeza absoluta. Así pues, tras realizar la obra de redención en la Era de la Gracia, el Señor Jesús prometió que regresaría y en ese tiempo Él dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13). Las verdades expresadas por el Señor Jesús que ha regresado son el único camino a la vida eterna, y esto demuestra que Cristo es la verdad, el camino y la vida. ¿Por qué la Biblia no contiene el camino de la vida eterna? Principalmente porque la Biblia registra las dos etapas anteriores de la obra de Dios pero no contiene todas las verdades expresadas por Dios en los últimos días para purificar y salvar a la humanidad. Por lo tanto, la Biblia no contiene el camino de la vida eterna. Sin embargo, esto no disminuye la Biblia como testimonio de Dios o el efecto que tiene sobre sus lectores. Precisamente porque el testimonio de Dios en la Biblia es verdadero, porque la creación de Dios de los cielos, de la tierra y de todas las cosas es verdadera y porque el testimonio de obediencia y lealtad a Dios por generaciones de santos es verdadero, la posición de la Biblia en el corazón del hombre siempre se ha mantenido firme. Se podría decir que generaciones de santos crecieron y maduraron debido a la edificación que recibieron de la Biblia. A pesar de que el carácter corrupto de la humanidad persistió en ellos, de que su naturaleza satánica todavía existía y de que no habían sido verdaderamente purificados, no obstante la fe y la lealtad de los santos en Dios eran inquebrantables. Muchos se convirtieron en mártires por el Señor y todos forjaron un hermoso y rotundo testimonio de Él. Estos son los resultados de la obra de Dios en la Era de la Ley y la Era de la Gracia. A todos nosotros nos queda claro que los que tienen fe en el Señor son incontables en número, y aunque no han sido purificados, su carácter de vida no ha cambiado y carecen del verdadero entendimiento de Dios, sin embargo su fe es verdadera. Dios no ha abandonado a estas personas, sino que esperan el regreso del Señor en los últimos días, cuando serán levantadas delante de Él, purificadas y perfeccionadas. De esta manera todas las que tengan fe verdadera en el Señor y que amen la verdad obtendrán el camino de la vida eterna que Dios otorga en los últimos días. Ahora entendemos el asunto de porqué la Biblia no puede dar vida eterna, ¿verdad?

Extracto de “Preguntas y respuestas clásicas sobre el Evangelio del Reino”


Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

¿Cómo leer la Biblia? ¿Conoces los tres principios relacionados?


¿Cómo leer la Biblia
? ¿Conoces los tres principios relacionados?

La lectura de la Biblia es una obligación diaria para los cristianos, además de indispensable en la senda hacia la verdad y la madurez en la vida espiritual. El Señor Jesús dijo: “Escrito está: ‘No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’” (Mateo 4:4). Es evidente que leer las palabras de Dios con frecuencia y valorarlas con el corazón es obligación de todo cristiano, pero ¿cómo debemos leer la Biblia para recibir la guía del Espíritu Santo y lograr resultados positivos? Esta es una cuestión de suma importancia para nosotros. Es probable que todos hayamos leído la Escritura de la siguiente manera. A veces somos capaces de recibir el esclarecimiento y la guía de Dios y de entender Su voluntad y Sus exigencias; nuestro espíritu se conmueve y tenemos fe y determinación para practicar las palabras de Dios en la vida diaria. Cada vez nos gusta más asistir a reuniones, orar y leer la Escritura y durante ese tiempo, además, maduramos en la vida espiritual. Sin embargo, algunas veces no disfrutamos la lectura de la Biblia y no percibimos el esclarecimiento ni la iluminación del Espíritu Santo. Sólo entendemos el significado literal de los pasajes bíblicos y nos falta sentido de la voluntad y las exigencias de Dios; no sabemos defender las palabras de Dios en la vida diaria y no maduramos espiritualmente. En ocasiones puede que hasta nos entre sueño leyendo la Biblia y cada vez tengamos menos ganas de hacerlo, de asistir a reuniones y de orar. Esto puede ser muy confuso. Si leemos la Biblia como siempre, ¿por qué se dan dos resultados totalmente distintos? ¿Cómo podemos leer la Biblia para obtener resultados positivos? A fin de recibir luz a partir de la lectura de la Biblia, comprendiendo estos tres principios podemos acercarnos más a Dios y recibir Su esclarecimiento y guía con facilidad.

1. Al leer la Biblia, es imprescindible sosegar el corazón ante Dios para recibir el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo.

Aunque perseveremos en la lectura diaria de la Biblia a una hora fija, si no sosegamos el corazón ante Dios durante ese tiempo, simplemente leeremos la Biblia mientras pensamos en cómo ocuparnos de los asuntos familiares o laborales. Esa manera de leer la Escritura se limita a seguir una norma y llevar a cabo un ritual. En tal caso, es probable que lo hagamos mecánicamente y alcancemos una comprensión superficial; de ningún modo podremos recibir esclarecimiento del Espíritu Santo, no adquiriremos nueva luz y, naturalmente, ya no tendremos gozo espiritual. Especialmente en una época tan acelerada, las ocupaciones laborales y las complicadas relaciones interpersonales nos dejan exhaustos de cuerpo y mente, así que, cuando leamos la Escritura, debemos tener todavía más en cuenta el sosiego ante Dios y meditar con esmero Sus palabras. Esta es la única vía para recibir esclarecimiento y guía del Espíritu Santo.

Dice la palabra de Dios: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren” (Juan 4:23). “Acallar el corazón en presencia de Dios es el paso más crucial para entrar en Sus palabras. […] Solo después de que las personas son capaces de estar en paz delante de Dios, el Espíritu Santo puede tocarlas y las puede esclarecer e iluminar, y solo entonces pueden tener comunión verdadera con Dios y pueden entender Su voluntad y la guía del Espíritu Santo” (“Acerca de acallar el corazón delante de Dios”). En las palabras de Dios comprobamos que Él nos exige que lo adoremos con honestidad de espíritu. Si deseamos ser movidos por el Espíritu Santo y conseguir resultados positivos de la lectura de la Biblia, debemos sosegarnos ante Dios, meditar con esmero Sus palabras y escuchar Su guía, pues el tiempo que pasamos leyendo la Escritura es también el tiempo que tenemos para acercarnos a Dios, adorarlo y entender verdades de la Escritura. Sólo si veneramos a Dios de corazón, nos volcamos de todo corazón en Sus palabras y buscamos y meditamos sinceramente podemos recibir esclarecimiento y orientación del Espíritu Santo, ser movidos por Él y comprender el sentido de las palabras de Dios. Por tal motivo, antes de leer la Biblia debemos encontrar un lugar tranquilo y evitar a las personas, circunstancias o cosas que puedan distraernos. Debemos hacer una oración antes de empezar, sosegar deliberadamente el corazón ante Dios y pedirle que nos guíe para que entendamos la verdad de Sus palabras. Cuando nos volcamos de todo corazón en las palabras de Dios podemos recibir Su esclarecimiento y guía, y no sólo podemos comprender Su voluntad y Sus exigencias, sino también aprender nuevas perspectivas y conocimientos sobre Sus palabras. Cuanto más practiquemos esto, más oportunidades tendremos de ser movidos por el Espíritu Santo al leer la Escritura y seremos capaces de descubrir qué podemos hacer para cumplir la voluntad de Dios. Entonces maduraremos en la vida espiritual con mayor rapidez.

2. No leas por leer: elige pasajes acordes a tus problemas y dificultades reales.

En primer lugar, hemos de saber que leer la Biblia no implica seguir una norma ni llevar a cabo una tarea. Se trata, más bien, de resolver nuestros problemas y dificultades de carácter práctico para tener un sendero de práctica en nuestra vida diaria. Sin embargo, estamos sujetos a error en la lectura de la Biblia; a veces nos limitamos a seguir las normas y pasar de un capítulo a otro, de un versículo a otro, o leemos cualquier página a la que llegamos sin rumbo. Leer la Escritura así, sin ningún objetivo, no da resultados positivos. Es como si un enfermo intenta tratar su enfermedad: no puede esperar una mejoría tomándose cualquier medicamento, sino que primero tiene que entender qué ha provocado realmente la enfermedad y de qué tipo es para poder recuperar la salud con el medicamento adecuado a su patología concreta. Lo mismo sucede al leer la Escritura. La palabra de Dios dice: “Cuando comas y bebas de las palabras de Dios, deberás comparar con ellas la realidad de tu estado. Es decir, cuando descubras tus defectos en el transcurso de tu experiencia real, deberás saber encontrar una senda de práctica y dar la espalda a tus motivaciones y nociones incorrectas. Si siempre te esfuerzas por estas cosas y pones todo tu corazón en lograrlas, tendrás una senda que seguir, no te sentirás vacío y, por tanto, podrás mantener un estado normal. Solo entonces serás una persona que soporta una carga en la vida, que tiene fe” (“Práctica (7)”). Con las palabras de Dios comprendemos que debemos tener en cuenta las dificultades y los problemas que nos encontramos en nuestra vida normal y que leer las palabras de Dios selectivamente es la única vía para lograr resultados positivos. Por tanto, antes de hacer la lectura diaria de las palabras de Dios, primero hemos de pensar un poco en nuestra situación espiritual actual, en la clase de personas, circunstancias y cosas a que nos hemos enfrentado últimamente, en el aspecto de la verdad con el que guardan relación y en el tipo de práctica que debemos tener para cumplir la voluntad de Dios. Entonces podremos buscar conscientemente, para su lectura, unas palabras de Dios adecuadas a nuestras dificultades reales. Esto es así porque las palabras de Dios dejarán al descubierto nuestras motivaciones incorrectas y nuestra corrupción, lo que puede señalarnos el sendero correcto de práctica. Siempre que actuemos según las exigencias de Dios y desechemos nuestras motivaciones y perspectivas incorrectas, nuestros problemas se resolverán y nuestra situación espiritual y nuestra relación con Dios podrán ir mejorando. Incorporando nuestros problemas personales a la lectura de la Biblia podemos lograr resolver nuestros problemas prácticos.

Por ejemplo, digamos que surge un conflicto entre nosotros y nuestra familia, o nuestros hermanos y hermanas, y no somos tolerantes ni pacientes con ellos, sino que damos muestras de mal genio. Para empezar, debemos aprender a sosegarnos ante Dios, plantearnos con qué aspecto de la verdad guarda relación este problema, qué nos exige Dios, etc. Una vez que hayamos captado estas cosas, sabremos buscar en la Escritura las exigencias de Dios para que tengamos amor, tolerancia y paciencia hacia los demás. Asimismo, podremos buscar pasajes en los que Dios nos pide introspección y que no nos centremos solamente en la otra persona. También podríamos leer cómo el Señor Jesús amaba y perdonaba a la gente. Con esta clase de lectura selectiva de la Escritura podemos apreciar lo arrogantes, ofendidos, mezquinos y conflictivos que somos con los demás. Igualmente podemos reconocer que es voluntad de Dios que aprendamos a perdonar al prójimo, que nos amemos, seamos magnánimos y tolerantes unos con otros; quiere que vivamos como cristianos. Luego, si pensamos un poco en la magnanimidad y tolerancia del Señor Jesús hacia la gente, por las que lavó personalmente los pies de Sus discípulos, nos emocionaremos más todavía. Cuando conozcamos estas verdades sentiremos ganas de amar al prójimo según las exigencias de Dios y, con naturalidad, cultivaremos la tolerancia y la comprensión hacia quienes nos rodean. Veamos otro ejemplo. Cuando nos volvemos débiles y negativos mientras predicamos el evangelio y nos topamos con los impedimentos, la represión, la calumnia y el juicio de las malvadas fuerzas de Satanás, podemos leer en la Escritura pasajes acerca de cómo tener en consideración la voluntad de Dios, así como sobre el perfeccionamiento de nuestra fe a manos de Dios. También podemos mirar fragmentos acerca de la prudencia ante las fuerzas de Satanás, opuestas a Dios, mientras predicamos el evangelio. Con la lectura de estas Escrituras podemos entender mejor la voluntad de Dios, ver que somos tan frágiles que nos volvemos negativos y débiles ante los fracasos o los reveses, y que tenemos muy poca fe. Puede que esto, asimismo, nos ayude a comprender que la propagación del evangelio del reino es nuestro deber y misión obligatorios y que hemos de soportar la persecución y las dificultades para dar testimonio de la obra de Dios. De igual modo, en la Escritura podemos llegar a conocer las exigencias de Dios hacia nosotros; debemos ser prudentes al difundir el evangelio en esta era del mal y aprender a ser astutos como las serpientes e inocentes como las palomas. Cuando sepamos estas cosas tendremos fe para apoyarnos en Dios y podremos utilizar la prudencia para vencer a Satanás y seguir difundiendo el evangelio de Dios. Por ello, si leemos la Biblia selectivamente, dirigiéndonos a nuestras dificultades reales, podremos recibir con mayor facilidad el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, alcanzar a entender la voluntad de Dios y tener un sendero de práctica correcto. Acto seguido, nuestra relación con Dios puede volverse más íntima; así es como se logra el mejor resultado de la lectura de la Escritura.

3. Céntrate en meditar las palabras de Dios y en entender el significado profundo de la verdad.

Muchos piensan que solamente alegran a Dios las personas que están muy familiarizadas con la Biblia y tienen muchos conocimientos bíblicos. Así, al leer la Escritura, hacemos mucho hincapié en leer y memorizar más pasajes para sabérnosla más al dedillo y de cabo a rabo. Sin embargo, no nos centramos en meditar las palabras de Dios para lograr entender de qué tratan realmente. Si lo pensamos detenidamente, tal vez nos parezca que esta práctica simplemente nos familiariza más con el texto bíblico y que llegamos a comprender algunos principios espirituales. No obstante, no entendemos las verdades inherentes a las palabras de Dios, no conocemos Su voluntad ni Sus exigencias y, en especial, nos falta verdadero conocimiento del propio Dios. Es más, en nuestra vida normal no sabemos experimentar ni practicar las palabras de Dios. De ese modo, puede que también nos volvamos cada vez más arrogantes por dominar tantos conocimientos y teorías de la Biblia. Alardeamos ante los hermanos y hermanas y nos lucimos interpretando teorías y conocimientos bíblicos; nos exhibimos para que nos admiren y adoren, y nos plantamos ante nuestros hermanos y hermanas al tiempo que tenemos una relación cada vez más distante con Dios. En lo espiritual, caemos en la oscuridad, involucionamos y no sentimos la presencia de Dios.

La palabra de Dios dice: “Cuando leía las palabras de Dios, Pedro no estaba centrado en entender las doctrinas y, menos aún, en obtener conocimiento teológico; más bien, se concentró en comprender la verdad y captar la voluntad de Dios y lograr un entendimiento de Su carácter y Su encanto. Pedro también intentó comprender los diversos estados corruptos del hombre a partir de las palabras de Dios, así como la naturaleza corrupta del hombre y sus verdaderas deficiencias, cumpliendo, así, con todos los aspectos de las exigencias que Dios le hace al hombre para que lo satisfaga. Pedro tuvo muchas prácticas correctas que se ciñeron a las palabras de Dios. Esto estuvo totalmente alineado con la voluntad de Dios y fue la mejor forma en la que una persona podía cooperar al tiempo que experimentaba la obra de Dios” (“Cómo caminar por la senda de Pedro”). Esto deja claro que, cuando Pedro leía las palabras de Dios, no se conformaba únicamente con comprender algunos conocimientos teológicos o cartas y doctrinas, sino que se esforzaba especialmente en lo que Dios exige, así como en la búsqueda y la contemplación reiteradas, y entonces captó el propósito y la voluntad inherentes a las palabras de Dios. Posteriormente, actuó conforme a las exigencias de Dios de tal modo que supo poner en práctica, con gran naturalidad, las palabras de Dios en todas las cosas y vivir la realidad de Sus palabras. La práctica de Pedro nos aporta una senda propia, práctica y viable. Las palabras de Dios son la verdad, expresión de Su carácter y de lo que Él tiene y es; todas contienen la voluntad y las exigencias de Dios. Si no las buscamos, meditamos ni percibimos detenidamente, no entenderemos nada más que doctrinas literales; desde luego, no la voluntad de Dios. Tampoco entenderemos de qué tratan realmente las palabras de Dios, por lo que, naturalmente, no podremos entrar en la realidad de las mismas. Así pues, cada vez que leamos un pasaje de ellas, debemos meditar con esmero lo siguiente: ¿Cuál era el propósito de Dios al decir esto? ¿Cuál es Su voluntad y cuáles Sus exigencias a la humanidad? ¿Qué quería que lográramos por medio de esto? ¿En qué fallo yo? ¿Cómo debo practicar y entrar en esto en mi vida real? ¿Qué puedo hacer para cumplir las exigencias de Dios? Al emprender este tipo de búsqueda y meditación, para cuando nos demos cuenta, Dios nos dará esclarecimiento y guía y nos permitirá comprender el significado profundo de Sus palabras. Tendremos algo de verdadero conocimiento del carácter y la voluntad de Dios, hallaremos un sendero de práctica y entrada y, así, entraremos paso a paso en la realidad de las palabras de Dios.

Observemos las siguientes palabras del Señor: “En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). “Antes bien, sea vuestro hablar: ‘Sí, sí’ o ‘No, no’; y lo que es más de esto, procede del mal” (Mateo 5:37). En las palabras de Dios vemos que Él posee una esencia de credibilidad: ama a los honestos y le disgustan los mentirosos y tramposos. Sólo los honestos pueden entrar en el reino de los cielos, mientras que los siniestros y taimados no pueden cruzar sus puertas. La oración y meditación de las palabras de Dios son la única vía para que podamos entender que Dios quiere que seamos honestos, inocentes y abiertos como niños, sin mentir de palabra y sin engaño ni falsedad de corazón. Llegados a ese punto en nuestros planteamientos, podemos pasar a la búsqueda: ¿Tenemos elementos de deshonestidad? Reflexionando sobre nuestros pensamientos y actos comprobamos que aún manifestamos mucha falsedad. En ocasiones, cuando estamos ante Dios en oración, decimos toda clase de maravillas y nos proponemos muchas cosas, pero casi nunca estamos a esa altura en la vida real. A veces hacemos algo mal y queremos reconocer el error ante otra persona, pero nos da miedo que nos desprecie, así que, para preservar nuestra imagen y reputación, decimos una media verdad y ocultamos la realidad. De vez en cuando, al comentar nuestras experiencias, estamos más que dispuestos a airear cómo ponemos en práctica las palabras de Dios, pero muy rara vez hablamos de cómo desafiamos y nos oponemos a Dios y de cuando no ponemos en práctica la verdad. A menudo aparentamos ser lo que no somos para que los demás conserven una buena imagen de nosotros. Alguna vez vemos a hermanos y hermanas que hacen cosas que no están en consonancia con la voluntad de Dios y queremos hablar con ellos, pero nos preocupa herirlos en su orgullo o nos da miedo que no acepten nuestra opinión y nos juzguen, por lo que mantenemos un ojo abierto y otro cerrado como si no supiéramos nada. Suma y sigue. Con la reflexión vemos cuánta falsedad manifestamos: en absoluto somos honestos y agradables a Dios, así que ¿cómo podría entrar alguien como nosotros en el reino de los cielos? Tras comprender estas cosas, debemos proceder a sopesar la senda hacia la honestidad en las palabras de Dios. En primer lugar, no podemos mentir de palabra, sino que debemos hablar con arreglo a la verdad. Hay que diferenciar las cosas: este es el fundamento de nuestra práctica. Pero, más que nada, es necesaria la honestidad de corazón. Este no puede albergar perversidad ni falsedad; todo cuanto decimos o hacemos está sujeto al escrutinio de Dios. No podemos mentir ni engañar para proteger nuestro estatus, reputación o imagen, sino que, ante un problema, deberíamos ser capaces de despojarnos de nuestras motivaciones incorrectas y hablar sin rodeos, con honestidad y con el corazón. Este es el primer paso hacia la honestidad. Si siempre meditamos seriamente las palabras de Dios de esta forma, procurando entender la esencia de la verdad más allá del sentido literal, comprenderemos cada vez mejor los pormenores de la verdad y, entonces, será más correcto lo que practiquemos en nuestra vida. Nos acercaremos más a la voluntad y las exigencias de Dios y nuestra práctica será más acorde a Su voluntad. Estaremos cada vez más cerca de Dios y nos sentiremos firmes, tranquilos y satisfechos en el alma.

Otro punto que cabe plantear es que, sea cual sea el aspecto que estemos leyendo de las palabras de Dios, no podemos conocerlo del todo y a fondo tras una o unas pocas lecturas. Esto siempre es un proceso. Las palabras de Dios son tan profundas que ocultan muchas verdades, por lo que no podemos tener demasiada prisa ni ansia por terminar. Debemos esforzarnos con ellas, sopesarlas y orar al respecto de manera constante y trabajar diligentemente para entender las verdades que contienen. También debemos llevarlas a la práctica en la vida diaria, reflexionándolas y entrando en ellas al mismo tiempo para que adquiramos a través de nuestras experiencias una comprensión más profunda de las verdades que contienen. Tras practicar esto durante un tiempo, podremos entender y profundizar poco a poco en la verdad, lo que nos aportará conocimiento de la misma.

Estos son los tres principios de la lectura de la Escritura. Poniéndolos en práctica podemos subsanar nuestros problemas de falta de esclarecimiento en la lectura o de ausencia de gozo espiritual, madurar en la vida espiritual y cultivar una relación de creciente cercanía con Dios. Queridos hermanos y hermanas, ¿a qué esperáis? ¡Haced la prueba!


Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.


Palabra de Dios | Apéndice: Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo


Palabra de Dios | Apéndice:Contemplando la aparición de Dios en Su juicio y Su castigo

Como los otros cientos de millones que siguen al Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y otras tantas también somos fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que nos encontramos en la senda de hacer la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, Su glorioso descenso, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro del Apocalipsis: el Señor llega, Él trae el desastre, recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cuando pensamos en esto, no podemos evitar que nos embargue la emoción y nos llenemos de gratitud por haber nacido en los últimos días y tener la buena fortuna de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, hemos recibido a cambio “un peso de gloria que supera a todo y es eterno”. ¡Qué bendición! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor constantemente nos hace más serios en la oración y nos vuelve más diligentes para reunirnos. Tal vez el año que entra, tal vez mañana y tal vez incluso en un lapso más corto del que puede concebir el hombre, el Señor descenderá de repente y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo con ansiosa inquietud. Nos apresuramos para adelantarnos a los demás, nadie está dispuesto a quedarse atrás, todo con el fin de poder ser del primer grupo en contemplar la aparición del Señor, de estar entre aquellos que sean arrebatados. Lo hemos dado todo, sin importar el costo, para la venida de este día. Algunos han abandonado sus trabajos; otros han abandonado sus familias; algunos han renunciado al matrimonio; y otros hasta han donado todos sus ahorros. ¡Qué actos de devoción tan desinteresados! ¡Semejante sinceridad y lealtad incluso superan la de los santos de eras pasadas! Así como el Señor concede gracia sobre quien Él desea, y muestra misericordia a quien Él le place, nuestros actos de devoción y nuestro esfuerzo, creemos, Sus ojos ya los han contemplado hace mucho. Así, también, nuestras sentidas oraciones han alcanzado Sus oídos, y confiamos en que el Señor nos recompensará por nuestra dedicación. Además, Dios ha sido misericordioso para con nosotros antes de crear el mundo, y nadie nos quitará Sus bendiciones y Sus promesas. Todos estamos planeando para el futuro y damos por sentado que nuestra dedicación y esfuerzo son moneda de cambio o capital que intercambiar para ser arrebatado para encontrarnos con el Señor en el aire. Es más, sin el menor titubeo, nos ubicamos en el trono del futuro, para presidir sobre todas las naciones y pueblos o reinar como reyes. Todo esto lo damos por hecho, como algo que se espera.

Despreciamos a todos los que están en contra del Señor Jesús; el final de todos ellos será ser aniquilados. ¿Quién les dijo que no creyeran que el Señor Jesús es el Salvador? Por supuesto, hay veces en que imitamos al Señor Jesús al ser compasivos con las personas del mundo, porque no entienden y es correcto que seamos tolerantes e indulgentes con ellos. Todo lo que hacemos está de acuerdo con las palabras de la Biblia, porque todo lo que no es conforme a la Biblia es heterodoxia y herejía. Este tipo de creencia está profundamente arraigada en la mente de cada uno de nosotros. Nuestro Señor está en la Biblia, y si no nos apartamos de ella no nos apartaremos del Señor; si acatamos este principio, obtendremos
la salvación. Nos animamos entre nosotros, nos apoyamos mutuamente, y cada vez que nos reunimos esperamos que todo lo que digamos y hagamos esté de acuerdo con la voluntad del Señor y sea aceptado por el Señor. A pesar de la terrible hostilidad de nuestro ambiente, nuestros corazones están llenos de deleite. Cuando pensamos en las bendiciones que están tan cómodamente a nuestro alcance, ¿hay algo que no podamos dejar de lado? ¿Algo de lo que seamos reacios a separarnos? Todo esto no hace falta ni decirlo, yace ante los ojos vigilantes de Dios. Nosotros, este puñado de necesitados que hemos sido levantados del muladar, somos como todos los seguidores ordinarios del Señor Jesús, soñamos con el arrebatamiento, con ser bendecidos y gobernar a todas las naciones. Nuestra corrupción se ha puesto al descubierto ante los ojos de Dios, y nuestros deseos y nuestra avaricia han sido condenados a ojos de Dios. Sin embargo, todo esto sucede con tal normalidad y lógica, que ninguno de nosotros nos preguntamos si nuestros deseos son correctos y, menos aún, dudamos de la exactitud de todo a lo que nos aferramos. ¿Quién puede conocer la voluntad de Dios? Qué clase de senda recorre el hombre exactamente, no sabemos buscar o explorar, e investigar nos interesa menos aún. Porque solo nos interesa si podremos ser arrebatados, si podemos ser bendecidos, si hay un lugar para nosotros en el reino de los cielos y si vamos a tener una parte del agua del río de la vida y del fruto del árbol de la vida. ¿No creemos acaso en el Señor y nos convertimos en Sus seguidores en aras de ganar estas cosas? Nuestros pecados han sido perdonados, nos hemos arrepentido, hemos bebido de la amarga copa de vino y hemos puesto la cruz en nuestra espalda. ¿Quién puede decir que el Señor no aceptará el precio que hemos pagado? ¿Quién puede decir que no hemos preparado suficiente aceite? No deseamos ser esas vírgenes insensatas o uno de los que son abandonados. Más aún, oramos constantemente, le pedimos al Señor que nos guarde de que los falsos cristos nos engañen, porque está escrito en la Biblia que, “Entonces, si algún hombre os dice: Ved, acá está Cristo, o ahí; no lo creáis. Porque aparecerán falsos cristos y profetas, y estos os mostrarán grandes signos y maravillas; de tal manera que, si fuera posible, engañarán incluso a los elegidos” (Mateo 24:23-24). Todos nos hemos aprendido estos versículos de la Biblia, nos los sabemos de memoria, y los vemos como un tesoro precioso, como vida, y como una carta de credenciales que decide si podemos ser salvados o arrebatados…

Durante miles de años, los vivos han muerto, llevándose con ellos sus anhelos y sus sueños, pero en cuanto a si se han ido al reino de los cielos, eso nadie lo sabe. Los muertos vuelven, habiendo olvidado todas las historias que una vez ocurrieron y siguen las enseñanzas y las sendas de los antepasados. Y de esta manera, a medida que pasan los años y transcurren los días, nadie sabe si nuestro Señor Jesús, nuestro Dios, realmente acepta todo lo que hacemos. Lo único que podemos hacer es esperar ansiosos un desenlace y especular acerca de todo lo que sucederá. Sin embargo, Dios ha guardado Su silencio todo el tiempo, nunca se nos ha aparecido ni nos ha hablado. Y de esta manera, siguiendo la Biblia y según las señales, juzgamos deliberadamente la voluntad de Dios y Su carácter. Nos hemos acostumbrado al silencio de Dios; nos hemos acostumbrado a medir los aciertos y las equivocaciones de nuestra conducta usando nuestra propia manera de pensar; nos hemos acostumbrado a confiar en nuestro conocimiento, nociones y ética moral en lugar de las demandas que nos hace Dios; nos hemos acostumbrado a gozar de la gracia de Dios; nos hemos acostumbrado a que nos ayude siempre que lo necesitemos; nos hemos acostumbrado a extenderle la mano a Dios para todas las cosas y a darle órdenes; también nos hemos acostumbrado a conformarnos a las regulaciones, sin poner atención a cómo nos guía el Espíritu Santo; e incluso nos hemos acostumbrado a los días en que somos nuestro propio señor. Creemos en un Dios como este, a quien nunca hemos conocido cara a cara. Preguntas sobre cómo es Su carácter, que tiene y es, sobre cómo es Su imagen, si lo conoceremos o no cuando Él venga, etc., ninguna de ellas es importante. Lo importante es que Él está en nuestros corazones y que todos lo esperamos, y es suficiente con que podamos imaginar que Él es esto o aquello. Valoramos nuestra fe y atesoramos nuestra espiritualidad. Vemos todo como estiércol y pisamos todas las cosas bajo nuestros pies. Como somos creyentes del glorioso Señor, no importa qué tan largo y penoso sea el viaje, no importa qué dificultades y peligros nos acontezcan, nada puede detener nuestros pasos mientras seguimos al Señor. “Un río puro de agua de vida, clara como el cristal, brotó del trono de Dios y del Cordero. A cada lado del río estaba el árbol de la vida que tenía 12 clases de frutos y que daba frutos cada mes, y las hojas del árbol eran para la sanación de las naciones. Y no habrá más maldiciones, pero el trono de Dios y del Cordero estará ahí y Sus siervos lo servirán; y ellos verán Su rostro; y Su nombre estará grabado en sus frentes. Y no habrá noche ahí; y no necesitarán velas, ni tampoco la luz del sol; porque el Señor Dios les da luz y ellos reinarán por siempre y para siempre” (Apocalipsis 22:1-5). Cada vez que cantamos estas palabras, nuestros corazones rebosan de un gozo y satisfacción sin límites, y las lágrimas corren por nuestros ojos. Demos gracias al Señor por escogernos, demos gracias al Señor por Su gracia. Él nos ha dado cien veces en esta vida y la vida eterna en el mundo venidero. Si Él nos pidiera morir hoy, lo haríamos sin la menor queja. ¡Oh, Señor! ¡Por favor, ven pronto! Considerando la desesperación con que te anhelamos y que hemos renunciado a todo por Ti, no tardes ni un minuto ni un segundo más.

Dios guarda silencio y nunca se nos ha aparecido, sin embargo, Su obra nunca se ha detenido. Él inspecciona toda la tierra y manda sobre todas las cosas y contempla todas las palabras y acciones del hombre. Su gestión es conducida con pasos mesurados, y de acuerdo con Su plan, silenciosamente y sin un efecto dramático, pero Sus pasos avanzan cada vez más cerca de la humanidad, y Su tribunal se despliega en el universo a la velocidad de la luz, tras lo cual su trono desciende inmediatamente en mitad de nosotros. ¡Qué escena tan majestuosa es esta; qué cuadro tan imponente y solemne! Como una paloma, como un león rugiente, el Espíritu viene entre nosotros. Es sabiduría, es justicia y majestad, y Él llega entre nosotros subrepticiamente, ejerciendo autoridad y lleno de amor y misericordia. Nadie es consciente de Su llegada ni la acoge y, es más, nadie sabe todo lo que Él está a punto de hacer. La vida del hombre sigue sin cambios; su corazón no es diferente y los días transcurren como siempre. Dios vive entre nosotros, un hombre como cualquier otro, como uno de los seguidores más insignificantes y un creyente corriente. Él tiene Sus propias búsquedas, Sus propias metas y, es más, tiene una divinidad que ningún hombre ordinario posee. Nadie se ha dado cuenta de la existencia de Su divinidad, ni nadie ha percibido la diferencia entre Su esencia y la del hombre. Vivimos junto con Él, sin restricciones y sin temor, porque a nuestros ojos no es más que un creyente insignificante. Él observa todos nuestros movimientos, y todos nuestros pensamientos e ideas están expuestos ante Él. A nadie le interesa Su existencia; nadie se imagina nada sobre Su función y, es más, nadie tiene la menor sospecha sobre Su identidad. Lo único que hacemos es continuar con nuestras búsquedas como si Él no tuviera nada que ver con nosotros…

Por casualidad, el Espíritu Santo expresa un pasaje de palabras “por medio” de Él, y aunque parezca muy inesperado, sin embargo, lo reconocemos como una declaración de Dios y sin problemas lo aceptamos como de Dios. Esto es porque, independientemente de quién exprese estas palabras, siempre que vengan del Espíritu Santo las debemos aceptar y no las podemos negar. La siguiente declaración podría venir a través de mí, o a través de ti o de alguien más. Quienquiera que sea, todo es la gracia de Dios. Sin embargo, no importa quién sea, no podemos adorar a esta persona porque en cualquier caso, esta persona no puede ser Dios y por ningún motivo podemos escoger a una persona ordinaria como esa para que sea nuestro Dios. Nuestro Dios es demasiado grande y honorable; ¿cómo alguien tan insignificante podría representarlo? Es más, todos estamos esperando a que venga Dios y nos lleve de regreso al reino de los cielos, entonces, ¿cómo podría alguien tan insignificante ser apto para una tarea tan importante y ardua? Si el Señor viene otra vez, debe ser en una nube blanca, para que lo vean todas las multitudes. ¡Qué glorioso será eso! ¿Cómo es posible que Él pueda esconderse subrepticiamente entre un grupo de personas corrientes?

Y sin embargo es esta persona ordinaria, escondida entre la gente, la que está haciendo la nueva obra de salvarnos. Él no nos ofrece explicaciones, ni nos dice por qué ha venido, sino que simplemente hace con pasos mesurados la obra que tiene la intención de hacer, y de acuerdo con Su plan. Sus palabras y declaraciones cada vez se hacen más frecuentes. De consolar, exhortar, recordar y advertir a reprochar y disciplinar; en un tono gentil y amable, a palabras que son temibles y majestuosas. Todo le confiere compasión al hombre y le infunde estremecimiento. Todo lo que dice tiene un fuerte efecto en los secretos que están profundamente escondidos dentro de nosotros; Sus palabras lastiman nuestros corazones, nuestros espíritus, y nos dejan llenos de una vergüenza insoportable, apenas sabiendo dónde escondernos. Comenzamos a preguntarnos si el Dios que está en el corazón de esta persona realmente nos ama, y qué es exactamente lo que pretende. ¿Será que tal vez solo podremos ser arrebatados después de soportar tales sufrimientos? En nuestra mente estamos calculando… acerca del destino que está por venir y acerca de nuestra suerte futura. Aun así, tal como antes, ninguno de nosotros cree que Dios se ha hecho carne y ya ha obrado entre nosotros. Aunque nos ha acompañado mucho tiempo, aunque ya ha hablado muchas palabras cara a cara con nosotros, todavía no estamos dispuestos a aceptar a un hombre tan común como el Dios de nuestro futuro, y mucho menos estamos dispuestos a confiarle el control de nuestro futuro y destino a esta persona insignificante. De Él disfrutamos una provisión sin fin de agua viva, y a través de Él vivimos cara a cara con Dios. Pero solo somos agradecidos por la gracia del Señor Jesús que está en el cielo y nunca hemos puesto atención a los sentimientos de esta persona ordinaria que posee la divinidad. Sin embargo, como antes, Él hace Su obra escondido humildemente en la carne, expresando la voz de Su corazón interior, como si fuera insensible al rechazo de la humanidad, como si perdonara eternamente el infantilismo del hombre y su ignorancia, y fuera siempre tolerante con la irreverente actitud del hombre hacia Él.

Sin que nosotros lo sepamos, este hombre insignificante nos ha introducido un paso tras otro en la obra de Dios. Sufrimos un sinnúmero de pruebas, soportamos innumerables castigos y somos probados por la muerte. Aprendemos del carácter justo y majestuoso de Dios; disfrutamos, también, Su amor y compasión, y llegamos a valorar el gran poder y sabiduría de Dios; somos testigos de la hermosura de Dios y contemplamos el deseo ansioso de Dios de salvar al hombre. En las palabras de esta persona ordinaria, llegamos a conocer el carácter y la esencia de Dios, a entender
la voluntad de Dios, a conocer la esencia-naturaleza del hombre, y a ver el camino de salvación y perfección. Sus palabras nos hacen “morir” y nos hacen “volver a nacer”; Sus palabras nos dan consuelo, pero también nos atormentan con la culpa y un sentimiento de deuda; Sus palabras nos dan alegría y paz, pero también nos causan infinito dolor. A veces somos como ovejas al matadero en Sus manos; a veces somos como la niña de Sus ojos y gozamos Su tierno amor; a veces somos como Sus enemigos, y ante Su mirada nos convertimos en ceniza por Su ira. Somos la raza humana a la que Él salvó; somos gusanos a Sus ojos, y somos los corderos perdidos que noche y día se empeña en encontrar. Él es misericordioso con nosotros, nos desprecia, nos levanta, nos consuela y nos exhorta, nos guía, nos esclarece, nos castiga y nos disciplina, y hasta nos maldice. Nunca deja de preocuparse por nosotros, noche y día, nos protege y cuida y nunca se aparta de nuestro lado, sino que derrama toda la sangre de Su corazón y paga cualquier precio por nosotros. Entre las declaraciones de este pequeño y común cuerpo de carne, hemos gozado la totalidad de Dios y contemplado el destino que Dios nos ha concedido. No obstante, la vanidad todavía crea problemas en nuestro corazón, y todavía seguimos sin estar dispuestos a aceptar activamente a una persona así como nuestro Dios. Aunque nos ha dado tanto maná, tanto para disfrutar, nada de esto puede ocupar el lugar del Señor en nuestro corazón. Honramos la identidad y el estatus especiales de esta persona solo con gran renuencia. Mientras Él no abra Su boca para pedirnos que reconozcamos que Él es Dios, nunca nos encargaríamos de reconocerlo como el Dios que pronto llegará y que sin embargo ha estado obrando entre nosotros hace tiempo.

Dios continúa con Sus declaraciones, y Él emplea varios métodos y perspectivas para advertirnos sobre qué debemos hacer mientras, al mismo tiempo, da voz a Su corazón. Sus palabras llevan la energía de la vida, nos muestran el camino que debemos recorrer y nos permiten entender cuál es la verdad. Nos empiezan a atraer Sus palabras, comenzamos a enfocarnos en el tono y la manera en la que habla, y subconscientemente comenzamos a interesarnos en los sentimientos internos de esta persona que no tiene nada de especial. Vierte la sangre de su corazón al obrar para nosotras, pierde el sueño y el apetito por nosotros, llora por nosotros, suspira por nosotros, se queja en la enfermedad por nosotros, sufre humillación por el bien de nuestro destino y salvación, y nuestra insensibilidad y rebeldía le arrancan lágrimas y sangre del corazón. Esta forma de ser y de tener no pertenece a ninguna persona corriente y ninguno de los seres humanos corruptos las puede poseer o conseguir. Muestra una tolerancia y paciencia que no tiene ninguna persona ordinaria, y Su amor no lo posee ningún ser creado. Nadie excepto Él puede saber todos nuestros pensamientos, o tener un conocimiento tan claro y completo de nuestra naturaleza y esencia, o juzgar la rebeldía y corrupción de la humanidad, o hablarnos y obrar entre nosotros así en nombre del Dios del cielo. Nadie aparte de Él está dotado de la autoridad, la sabiduría y la dignidad de Dios; el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es, emana en su totalidad de Él. Nadie salvo Él nos puede mostrar el camino y traernos la luz. Nadie salvo Él puede revelar los misterios que Dios no ha revelado desde la creación hasta el día de hoy. Nadie salvo Él nos puede salvar de la esclavitud de Satanás y de nuestro carácter corrupto. Él representa a Dios, expresa el corazón interior de Dios, las exhortaciones de Dios y Sus palabras de juicio hacia toda la humanidad. Él ha comenzado una nueva época, una nueva era, y ha iniciado un nuevo cielo y una nueva tierra, una nueva obra, y nos ha traído esperanza, poniendo fin a la vida que llevábamos en la indefinición, y permitiendo a nuestro ser por entero, con total claridad, contemplar el camino de salvación. Él ha conquistado todo nuestro ser y ha ganado nuestro corazón. Desde ese momento en adelante, nuestra mente se hace consciente y nuestro espíritu parece haber sido revivido: esta persona ordinaria e insignificante, que vive entre nosotros y a la que hemos rechazado desde hace ya mucho tiempo, ¿no es este el Señor Jesús, que siempre está en nuestros pensamientos, despiertos o soñando, y a quien anhelamos noche y día? ¡Es Él! ¡Realmente es Él! ¡Él es nuestro Dios! ¡Él es la verdad, el camino y la vida! Él nos ha permitido vivir otra vez y ver la luz, y ha evitado que nuestro corazón se desvíe. Hemos regresado a la casa de Dios, hemos regresado ante Su trono, estamos cara a cara con Él, hemos sido testigos de Su rostro, y hemos visto el camino que está por delante. Ahora, Él ha conquistado nuestros corazones por completo; ya no dudamos quién es Él, ni nos oponemos a Su obra y Su palabra y nos postramos completamente ante Él. No queremos otra cosa que seguir las huellas de Dios por el resto de nuestras vidas, y ser hechos perfectos por Él, y recompensarle por Su gracia, y recompensar Su amor por nosotros, y obedecer Sus arreglos y disposiciones, y cooperar con Su obra, y hacer todo lo que podamos para completar lo que Él nos confíe.

Ser conquistado por Dios es como una lucha de artes marciales.

Cada una de las palabras de Dios golpea uno de nuestros puntos mortales y nos deja doloridos y llenos de temor. Él expresa nuestras nociones, nuestras imaginaciones, y nuestro carácter corrupto. Desde lo que decimos y hacemos, hasta cada uno de nuestros pensamientos e ideas, nuestra esencia-naturaleza se revelan en Sus palabras, lo que nos coloca en un estado de miedo y temblando sin tener donde esconder nuestra vergüenza. Uno a uno, nos dice sobre todas nuestras acciones, nuestras metas e intenciones, hasta el carácter corrupto que nunca hemos descubierto, haciéndonos sentir expuestos en toda nuestra miserable imperfección e incluso completamente convencidos. Nos juzga por oponernos a Él, nos castiga porque blasfemamos y lo condenamos, y nos hace sentir que a Sus ojos no tenemos ni un rasgo redentor, y que somos el Satanás viviente. Nuestras esperanzas se truncan; ya no nos atrevemos a hacerle ninguna demanda irrazonable ni a crearnos esperanzas sobre Él, y hasta nuestros sueños se desvanecen de la noche a la mañana. Este es un hecho que ninguno de nosotros se puede imaginar y que ninguno de nosotros puede aceptar. Por espacio de un momento, perdemos nuestro equilibrio interno y no sabemos cómo continuar en el camino que está por delante, ni cómo continuar en nuestras creencias. Parece como si nuestra fe volviera a empezar desde cero, y como si nunca hubiéramos conocido al Señor Jesús ni nos hubiéramos familiarizado con Él. Todo lo que está delante de nuestros ojos nos llena de perplejidad y nos hace vacilar indecisos. Estamos consternados, estamos desilusionados, y en lo profundo de nuestro corazón hay una ira y una vergüenza irreprimibles. Tratamos de desahogarnos, de encontrar una salida y, es más, tratamos de seguir esperando a nuestro Salvador Jesús, para poder derramar nuestro corazón en Él. Aunque hay veces en las que desde fuera parece que estamos en una situación ecuánime, ni altivos ni humildes, en nuestro corazón nos aflige un sentimiento de pérdida que nunca hemos sentido antes. Aunque a veces podamos parecer inusualmente calmados por fuera, nuestras almas rugen como torturadas por un mar tormentoso. Su juicio y Su castigo nos han despojado de todas nuestras esperanzas y sueños, poniendo fin a nuestros deseos extravagantes, y dejándonos reacios a creer que Él es nuestro Salvador y es capaz de salvarnos. Su juicio y Su castigo han abierto un abismo entre nosotros y Él, tan profundo que nadie siquiera está dispuesto a cruzarlo. Con Su juicio y Su castigo es la primera vez que hemos sufrido un gran revés y una gran humillación en nuestras vidas. Su juicio y Su castigo han provocado que apreciemos realmente el honor de Dios y la intolerancia de la ofensa del hombre, comparado con lo cual somos demasiado bajos e impuros. Su juicio y Su castigo nos han hecho darnos cuenta por primera vez lo arrogantes y pretenciosos que somos, y cómo el hombre nunca será igual a Dios ni estará a la par de Dios. Su juicio y Su castigo nos han hecho anhelar dejar de vivir en semejante carácter corrupto, deshacernos de esta esencia-naturaleza tan pronto como sea posible, y dejar de ser viles y detestables para Él. Su juicio y Su castigo nos han hecho sentir felices de obedecer Sus palabras, dejar de rebelarnos contra Sus arreglos y disposiciones. Su juicio y Su castigo nos han dado una vez más el deseo de sobrevivir, y nos hicieron sentir felices de aceptarlo como nuestro Salvador… Nos hemos salido de la obra de conquista, del infierno, del valle de sombra de muerte… ¡Dios Todopoderoso nos ha ganado, a este grupo de personas! ¡Ha triunfado sobre Satanás y ha derrotado a multitudes de Sus enemigos!

Somos solo un grupo demasiado ordinario de personas poseídas por un carácter satánico corrupto; somos los predestinados por Dios antes de las eras y los necesitados a quienes Dios ha sacado del muladar. Una vez rechazamos y condenamos a Dios, pero ahora Él nos ha conquistado. Hemos recibido de Dios la vida, el camino de la
vida eterna. Dondequiera que estemos en la tierra, sean cuales sean las persecuciones y tribulaciones que soportemos, no podemos alejarnos de la salvación de Dios Todopoderoso. ¡Porque Él es nuestro Creador y nuestra única redención!

El amor de Dios se extiende como el agua de una fuente, y se te da a ti y a mí y a otros, y a todos los que verdaderamente buscan la verdad y esperan la aparición de Dios.

Así como la luna sigue al sol en una interminable alternancia, la obra de Dios nunca cesa, y se lleva a cabo en ti, en mí, en otros y en todos los que siguen las huellas de Dios y aceptan Su juicio y castigo.

Expresado el 23 de marzo de 2010

Prólogo de Dios a “El origen y el desarrollo de la Iglesia de Dios Todopoderoso”.

De “La Palabra manifestada en carne”

Reflexion del evangelio de hoy | Las diferencias entre el camino del arrepentimiento en la Era de la Gracia y el camino de la vida eterna en los últimos días



Reflexion del evangelio de hoy | Las diferencias entre el camino del arrepentimiento en la Era de la Gracia y el camino de la vida eterna en los últimos días

Las palabras relevantes de Dios:

El evangelio del arrepentimiento se predicó en la Era de la gracia y, siempre y cuando el hombre creyera, sería salvado. Hoy, en lugar de la salvación, sólo hay conversaciones de conquista y de perfección. En ningún momento se afirma que si una persona cree, toda su familia será bendecida, o que una vez salvada ya lo está para siempre. Hoy nadie pronuncia ya estas palabras y son cosas obsoletas. En ese momento, la obra de Jesús era la obra de redención de toda la humanidad. Los pecados de todos los que creían en Él eran perdonados; mientras creyeras en Él, te redimiría; si creías en Él, dejabas de ser un pecador y eras liberado de tus pecados. Esto es lo que significaba ser salvado y ser justificado por la fe. Sin embargo, en aquellos que creían seguía habiendo algo de rebeldía y oposición a Dios que había que continuar eliminando lentamente. La salvación no significaba que el hombre hubiera sido ganado por completo por Jesús, sino que ya no pertenecía al pecado, que sus pecados habían sido perdonados. Si creías, ya no pertenecías al pecado. En esa época, Jesús llevó a cabo mucha obra incomprensible para Sus discípulos y dijo muchas cosas que las personas no entendieron. Esto se debe a que, en aquel momento, Él no dio ninguna explicación. Por tanto, varios años después de que partiera, Mateo creó una genealogía para Jesús, y otros también hicieron mucha obra que pertenecía a la voluntad del hombre. Jesús no vino a perfeccionar y ganar al hombre, sino a realizar una etapa de la obra: traer el evangelio del reino de los cielos y completar la obra de la crucifixión. Y así, una vez crucificado Jesús, Su obra llegó a un final completo. Pero en la etapa presente —la obra de conquista— deben pronunciarse más palabras, debe realizarse más obra, y debe haber muchos procesos. Deben revelarse, asimismo, los misterios de la obra de Jesús y Jehová, de forma que todas las personas puedan tener entendimiento y claridad en su creencia, porque esta es la obra de los últimos días, y los últimos días son el final de la obra de Dios, el momento de la conclusión de la misma. Esta etapa de la obra esclarecerá para ti la ley de Jehová y la redención de Jesús, y es principalmente así para que puedas entender toda la obra del plan de gestión de Dios de seis mil años, apreciar todo el sentido y la esencia del mismo y entender el propósito de toda la obra realizada por Jesús y las palabras que Él habló, e incluso tu creencia ciega en la Biblia y tu adoración de esta. Todo esto te permitirá entender completamente. Llegarás a entender tanto la obra hecha por Jesús, como la obra de Dios hoy; entenderás y verás toda la verdad, la vida y el camino. En esa etapa de la obra realizada por Jesús, ¿por qué partió Él sin hacer la obra de conclusión? Porque la etapa de Su obra no era la de conclusión. Cuando fue clavado en la cruz, Sus palabras también llegaron a su fin; después de Su crucifixión, Su obra terminó completamente. La etapa presente es distinta: sólo después de que las palabras se hablen hasta el final y concluya toda la obra de Dios, entonces esta habrá terminado. Durante la etapa de la obra de Jesús, quedaron muchas palabras sin decir o no se articularon del todo. Pero a Jesús no le preocupaba lo que dijo o no dijo, porque Su ministerio no era de palabras y, por tanto, partió después de ser clavado en la cruz. Esa etapa de la obra se produjo principalmente en aras de la crucifixión, y es distinta a la etapa actual. La etapa presente de la obra es principalmente para completar, limpiar y llevar toda la obra una conclusión. Si las palabras no se pronuncian hasta su final mismo, no habrá forma de concluir esta obra, porque en esta etapa de la misma toda obra se lleva a su conclusión y se cumple usando palabras. En ese momento, Jesús realizó mucha obra incomprensible para el hombre. Partió en silencio, y hoy siguen habiendo muchos que no entienden Sus palabras, cuyo entendimiento es erróneo aunque ellos crean estar en lo correcto y no saben que están equivocados. Al final, esta etapa presente traerá la obra de Dios a un final completo, y proveerá su conclusión. Todos llegarán a entender y conocer el plan divino de gestión. Las nociones que el hombre tiene en su interior, sus propósitos, su entendimiento erróneo, sus nociones sobre la obra de Jehová y Jesús, sus opiniones sobre los gentiles y sus demás desviaciones y errores serán corregidos. Y el hombre entenderá todas las sendas correctas de la vida, toda la obra hecha por Dios y toda la verdad. Cuando eso ocurra, esta etapa de la obra llegará a su fin.
Extracto de ‘La visión de la obra de Dios (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aunque Jesús, en Su encarnación, no tenía emociones, Él siempre consoló a Sus discípulos, los proveyó, los ayudó y los sostuvo. A pesar del mucho trabajo que realizó o el mucho sufrimiento que soportó, jamás exigió demasiado a las personas, sino que siempre fue paciente e indulgente con sus pecados, tanto así, que en la Era de la Gracia las personas lo llamaban afectuosamente “el adorable Salvador Jesús”. Para las personas de esa época —para todas— lo que Jesús tenía y era, era misericordia y bondad. Él nunca recordaba las transgresiones de las personas y Su trato con ellas no se basaba en sus transgresiones. Como se trataba de una era diferente, a menudo Él brindaba abundante alimento a las personas para que pudieran comer hasta saciarse. Trataba a todos Sus seguidores con gracia, sanaba a los enfermos, expulsaba a los demonios, resucitaba a los muertos. Para que las personas pudieran creer en Él y vieran que todo lo que hacía era con sinceridad y fervor, llegó incluso a resucitar a un cadáver en descomposición, mostrándoles que en Sus manos incluso los muertos podían regresar a la vida. De esta forma, soportó en silencio y llevó a cabo Su obra de redención entre ellos. Incluso antes de ser clavado en la cruz, Jesús ya había asumido los pecados de la humanidad y se había convertido en una ofrenda por el pecado de los hombres. Incluso antes de ser crucificado, Él ya había allanado el camino hacia la cruz para redimir a la humanidad. Al final, fue clavado en la cruz, sacrificándose por ella, y le concedió toda Su misericordia, Su bondad y Su santidad a la humanidad. Siempre fue tolerante con la humanidad, jamás fue vengativo y le perdonó sus pecados, exhortándola a arrepentirse y enseñándola a tener paciencia, indulgencia y amor, a seguir Sus pasos y a sacrificarse por la cruz. Su amor por los hermanos y las hermanas superaba Su amor por María. La obra que Él llevó a cabo tomó como principio sanar a los enfermos y expulsar a los demonios, todo en aras de Su redención.
Extracto de ‘La verdadera historia detrás de la obra de la Era de la Redención’ en “La Palabra manifestada en carne”

En su momento, Jesús solo les dio a Sus discípulos una serie de sermones en la Era de la Gracia relativos a cómo practicar, cómo reunirse, cómo suplicar en oración, cómo tratar a los demás, etc. La obra que Él llevó a cabo fue la de la Era de la Gracia y solo explicó cómo debían practicar los discípulos y los que lo seguían. Él realizó únicamente la obra de la Era de la Gracia y nada de la obra de los últimos días. Cuando Jehová estableció la ley del Antiguo Testamento en la Era de la Ley, ¿por qué no realizó, entonces, la obra de la Era de la Gracia? ¿Por qué no dejó clara, de antemano, la obra de la Era de la Gracia? ¿Acaso no habría ayudado al hombre a aceptarlo? Él sólo profetizó que un niño varón nacería y llegaría al poder, pero Él no llevó a cabo de antemano la obra de la Era de la Gracia. La obra de Dios en cada era tiene límites claros; Él sólo realiza la obra de la era presente, no la de la siguiente era de antemano. Solo así puede ponerse de manifiesto Su obra representativa de cada era. Jesús solo habló de las señales de los últimos días, de cómo ser paciente y cómo ser salvado, de cómo arrepentirse y confesar, y de cómo cargar la cruz y soportar el sufrimiento; Él nunca habló de cómo debe el hombre lograr la entrada en los últimos días ni de cómo debe buscar satisfacer la voluntad de Dios. Por tanto, ¿acaso no es ridículo buscar la obra de Dios de los últimos días en la Biblia? ¿Qué puedes ver simplemente aferrándote a la Biblia? Ya sea un comentador de la Biblia o un predicador, ¿quién podría haber visto de antemano la obra de hoy?
Extracto de ‘¿Cómo puede el hombre que ha delimitado a Dios con sus nociones recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las palabras habladas por Dios en esta era son distintas de las que pronunció durante la Era de la Ley y también difieren de las que profirió durante la Era de la Gracia, en la que Dios no llevó a cabo la obra de la palabra, sino que se limitó a describir la crucifixión para redimir a toda la humanidad. La Biblia solo describe la razón por la cual Jesús debía ser crucificado, y el sufrimiento al que fue sometido en la cruz, y cómo el hombre debía ser crucificado para Dios. Durante aquella era, la totalidad de la obra realizada por Dios se centró en la crucifixión. Durante la Era del Reino, Dios encarnado pronuncia palabras para conquistar a todos los que creen en Él. Esto es “la Palabra que aparece en la carne”. Dios ha venido durante los últimos días para llevar a cabo esta obra; es decir, ha venido a manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Él sólo pronuncia palabras y rara vez se producen hechos. Esto es la esencia misma de la Palabra que aparece en la carne, y cuando Dios encarnado pronuncia Sus palabras, es la aparición de la Palabra en la carne y la Palabra que se hace carne. “En el comienzo existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios, y la Palabra se hizo carne”.* Esto (la obra de la aparición de la Palabra en la carne) es la obra que Dios llevará a cabo en los últimos días, y es el capítulo final de la totalidad de Su plan de gestión; así, Dios tiene que venir a la tierra y manifestar Sus palabras en la carne. Lo que se hace hoy, lo que se hará en el futuro, lo que Dios realizará, el destino final del hombre, los que serán salvos, los que serán destruidos, etcétera, toda esta obra que debe realizarse al final se ha expuesto con claridad, y su propósito es manifestar el significado práctico de la Palabra que aparece en la carne. Los decretos administrativos y la constitución que se emitieron anteriormente, los que serán destruidos, los que entrarán en el reposo, todas esas palabras deben cumplirse. Se trata de la obra realizada por el Dios encarnado principalmente durante los últimos días. Él hace que las personas comprendan adónde pertenecen los que fueron predestinados por Dios, y adónde pertenecen los que no son predestinados por Él; cómo serán clasificados Su pueblo y Sus hijos, lo que le ocurrirá a Israel y lo que le ocurrirá a Egipto. En el futuro, cada una de estas palabras se cumplirá. El ritmo de la obra de Dios se va acelerando. Dios usa la palabra como el medio para revelarle al hombre lo que se ha de realizar en cada era, lo que el Dios encarnado ha de llevar a cabo durante los últimos días y el ministerio que Él realizará, y todas estas palabras tienen el propósito de manifestar el significado real de la Palabra que aparece en la carne.
Extracto de ‘Todo se logra por la palabra de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

La obra en los últimos días pone al descubierto la obra de Jehová y la de Jesús, así como todos los misterios no entendidos por el hombre, con el fin de revelar el destino y el final de la humanidad, y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios no comprendidos por el hombre necesitan descifrarse para permitirle al hombre llegar a lo más profundo de los mismos y tener un entendimiento claro en su corazón. Solo entonces puede la raza humana ser clasificada según su especie. Hasta que el plan de gestión de seis mil años se haya completado, llegará el hombre a entender el carácter de Dios en su totalidad, porque Su gestión habrá llegado entonces a su fin. Ahora que habéis experimentado la obra de Dios en la era final, ¿cuál es el carácter de Dios? ¿Te atreves a decir que Dios es el Dios que solo pronuncia palabras, y nada más? No os atreveríais a llegar a semejante conclusión. Algunos dicen que Dios es el Dios que revela misterios, que Dios es el Cordero y quien rompe los siete sellos. Pero nadie se atreve a llegar a esta conclusión. Otros podrían decir que Dios es la carne encarnada, pero esto seguiría siendo incorrecto. Otros más podrían decir que Dios encarnado solo pronuncia palabras y que no obra señales ni maravillas, pero tú te atreverías aún menos a hablar de esta forma, porque Jesús se hizo carne y obró señales y maravillas, así que no te atreverías a definir a Dios tan a la ligera. Toda la obra llevada a cabo a lo largo del plan de gestión de seis mil años ha llegado a su fin apenas ahora. Solo después de que toda esta obra le haya sido revelada al hombre y se haya llevado a cabo en medio de la humanidad, esta conocerá la totalidad del carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Cuando la obra de esta etapa se haya completado plenamente, todos los misterios no entendidos por el hombre se habrán revelado, todas las verdades no entendidas anteriormente habrán quedado claras, y se le habrá comunicado a la raza humana su senda y su destino futuros. Esta es la totalidad de la obra que debe realizarse en la etapa actual. Aunque la senda que el hombre recorre hoy es también la senda de la cruz y del sufrimiento, lo que el hombre hoy practica, y lo que come, bebe y disfruta, es muy distinto a lo que le correspondió al hombre bajo la ley y en la Era de la Gracia. Lo que se le pide al hombre hoy es diferente de lo que se le pidió en el pasado y más diferente aún de lo que se le requería en la Era de la Ley. Ahora bien, ¿qué se le pedía al hombre bajo la ley cuando Dios llevaba a cabo Su obra en Israel? Tan solo que guardara el Sabbat y las leyes de Jehová. Nadie debía trabajar en el Sabbat ni transgredir las leyes de Jehová. Pero ahora no es así. En el Sabbat, el hombre trabaja, se reúne y ora como de costumbre, y no se le imponen restricciones. Quienes vivían en la Era de la Gracia debían ser bautizados y, además, se les pedía que ayunaran, partieran el pan, bebieran vino, se cubrieran la cabeza y lavaran los pies de otros. Ahora, estas reglas se han abolido, pero se le han impuesto al hombre unas exigencias más elevadas, porque la obra de Dios cada vez es más profunda y la entrada del hombre llega incluso más alto. En el pasado, Jesús imponía Sus manos sobre la persona y oraba, pero ahora que se ha dicho todo, ¿de qué sirve la imposición de manos? Las palabras pueden lograr resultados por sí solas. Cuando, en el pasado, Él imponía las manos sobre las personas, lo hacía para bendecirlas y también para curarlas de sus enfermedades. Así es como obraba el Espíritu Santo en aquel entonces, pero ahora no es así. Actualmente, el Espíritu Santo utiliza palabras para obrar y obtener resultados. Sus palabras os han quedado claras y deberíais ponerlas en práctica, tal y como se os ha dicho que hagáis. Sus palabras son Su voluntad; son la obra que Él desea llevar a cabo. Por medio de Sus palabras, entenderás Su voluntad y lo que Él te pide que logres, y simplemente puedes poner Sus palabras en práctica de manera directa, sin necesidad de la imposición de manos. Algunos pueden decir: “¡Impón Tus manos sobre mí! Impón Tus manos sobre mí de forma que pueda recibir Tu bendición y participar de Ti”. Todas estas son prácticas caducas del pasado que ahora están obsoletas, porque la era ha cambiado. El Espíritu Santo obra de acuerdo con la era, no al azar ni según normas establecidas. La era ha cambiado, y una nueva era necesariamente trae con ella obra nueva. Esto es así en cada etapa de la obra, y, así, Su obra nunca se repite. En la Era de la Gracia, Jesús llevó a cabo mucho de ese tipo de obra, como curar enfermedades, expulsar demonios, imponer Sus manos sobre el hombre para orar por él y bendecirlo. Sin embargo, hacerlo nuevamente no respondería a ningún propósito en el presente. El Espíritu Santo obraba de esa forma en ese momento, porque era la Era de la Gracia, y hubo suficiente gracia para que el hombre disfrutara de ella. Este no tenía que pagar ningún precio y recibiría la gracia mientras tuviera fe. Todos recibían un trato muy misericordioso. Ahora, la era ha cambiado, y la obra de Dios ha progresado más; a través de Su castigo y Su juicio, la rebeldía del hombre y las cosas inmundas en su interior se echarán fuera. Como era la etapa de la redención, Dios tenía que obrar de esa manera, mostrando al hombre suficiente gracia que disfrutar, de forma que el hombre pudiera ser redimido del pecado y, por medio de la gracia, sus pecados le fueran perdonados. La etapa actual tiene como objetivo exponer la injusticia dentro del hombre por medio del castigo, el juicio, el golpe de las palabras, la disciplina y la revelación de las mismas, de modo que la humanidad pueda ser salva después. Esta obra es más profunda que la redención. La gracia que había en la Era de la Gracia, era suficiente para el disfrute del hombre; ahora que ya la ha experimentado, ya no habrá de disfrutar más de ella. Esa obra ha quedado obsoleta y ya no se hará más. Ahora, el hombre será salvo por medio del juicio de la palabra. Después de que el hombre es juzgado, castigado y refinado, su carácter, por ende, cambia. ¿No se debe esto a las palabras que he hablado? Cada etapa de la obra se lleva a cabo de acuerdo con el progreso de toda la raza humana y de acuerdo con la era. La obra es sumamente importante; se lleva a cabo en aras de la salvación final, para que la humanidad pueda tener un buen destino en el futuro, y para que sea clasificada según su tipo al final.
Extracto de ‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

En los últimos días, Cristo usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para exponer la sustancia del hombre y para analizar minuciosamente sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe obedecer a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios, etc. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a su carácter corrupto. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre desdeña a Dios se refieren a que el hombre es una personificación de Satanás y una fuerza enemiga contra Dios. Al emprender Su obra del juicio, Dios no aclara simplemente la naturaleza del hombre con unas pocas palabras; la expone, la trata y la poda a largo plazo. Estos métodos de exposición, de trato y poda no pueden ser sustituidos con palabras corrientes, sino con la verdad de la que el hombre carece por completo. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo a través de este tipo de juicio puede el hombre ser doblegado y completamente convencido de la sumisión a Dios y, además, obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le permite al hombre obtener mucho entendimiento de la voluntad de Dios, del propósito de la obra de Dios y de los misterios que le son incomprensibles. También le permite al hombre reconocer y conocer su esencia corrupta y las raíces de su corrupción, así como descubrir su fealdad. Estos efectos son todos propiciados por la obra del juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tengan fe en Él. Esta obra es la obra del juicio realizada por Dios.
Extracto de ‘Cristo hace la obra del juicio con la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

En esta etapa final de la obra, los resultados se logran a través de la palabra. A través de la palabra, el hombre llega a entender muchos misterios y la obra que Dios ha llevado a cabo a lo largo de generaciones pasadas; a través de la palabra, el Espíritu Santo esclarece al hombre; a través de la palabra, el hombre llega a entender los misterios nunca antes desvelados por las generaciones pasadas, así como la obra de los profetas y apóstoles de tiempos pasados, y los principios por los que obraron; a través de la palabra, el hombre también llega a comprender el carácter de Dios mismo, así como la rebeldía y la resistencia del hombre, y llega a conocer su propia esencia. A través de estos pasos de la obra y de todas las palabras habladas, el hombre llega a conocer la obra del Espíritu, la obra que lleva a cabo la carne encarnada de Dios, y, además, la totalidad de Su carácter. Tu conocimiento de la obra de gestión de Dios a lo largo de seis mil años también lo obtuviste a través de la palabra. ¿No obtuviste también a través de la palabra el conocimiento de tus antiguas nociones y tu éxito al hacerlas a un lado? En la etapa anterior, Jesús obró señales y maravillas, pero no hay ni señales ni maravillas en esta etapa. ¿No obtuviste también a través de la palabra tu entendimiento de por qué Dios no revela señales y maravillas? Por tanto, las palabras habladas en esta etapa sobrepasan la obra realizada por los apóstoles y los profetas de generaciones pasadas. Ni siquiera las profecías hechas por los profetas podrían haber conseguido este resultado. Los profetas sólo hablaron de profecías, de lo que acontecería en el futuro, pero no de la obra que Dios deseaba hacer en ese momento. Tampoco hablaron para guiar a la humanidad en su vida, para conferirle verdades o para revelarle misterios, y, mucho menos, para otorgar vida. En las palabras habladas en esta etapa hay profecía y verdad, pero las mismas sirven principalmente para otorgarle vida al hombre.
Extracto de ‘El misterio de la encarnación (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

El Cristo de los últimos días trae la vida y el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es el camino por el que el hombre obtendrá la vida, y el único camino por el cual el hombre conocerá a Dios y por el que Dios lo aprobará. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres tanto un títere como un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los reglamentos, las letras y están encadenados por la historia, nunca podrán obtener la vida ni el camino perpetuo de la vida. Esto es porque todo lo que tienen es agua turbia que ha estado estancada por miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. Aquellos que no reciben el agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, juguetes de Satanás e hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Si sólo tratas de aferrarte al pasado, si sólo tratas de mantener las cosas como están quedándote quieto, y no tratas de cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no estarás siempre en contra de Dios? Los pasos de la obra de Dios son vastos y poderosos, como olas agitadas y fuertes truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la destrucción, apegándote a tu locura y sin hacer nada. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue los pasos del Cordero? ¿Cómo puedes justificar al Dios al que te aferras como un Dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos es la letra que solo puede darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las escrituras que lees solo pueden enriquecer tu lengua y no son palabras de sabiduría que te ayudan a conocer la vida humana, y menos aún los senderos que te pueden llevar a la perfección. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te hace entender los misterios que contiene? ¿Eres capaz de entregarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Sugiero entonces que dejes de soñar y observes quién está obrando ahora, quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida.
Extracto de ‘Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aprender más: Qué es la vida eterna

La Palabra de Dios Todopoderoso | Capítulo 30



¡Despertad, hermanos! ¡Despertad, hermanas! Mi día no se retrasará; ¡el tiempo es vida, y aprovechar el tiempo es salvar la vida! ¡El tiempo no está muy lejos! Si reprobáis los exámenes de ingreso para la universidad, podéis estudiar e intentar otra vez cuantas veces queráis. Sin embargo, Mi día no tolerará más demora. ¡Recordad! ¡Recordad! Os exhorto con estas buenas palabras. El fin del mundo se desarrolla ante vuestros propios ojos, y grandes desastres se acercan rápidamente. ¿Qué es más importante: vuestra vida o dormir, comer, beber y vestirse? Ha llegado el momento de que sopeséis estas cosas. ¡No seáis indecisos nunca más y no os alejéis de las certezas!

¡Cuán lamentable! ¡Cuán pobre! ¡Cuán ciega! ¡Cuán cruel es la humanidad! En verdad hacéis oídos sordos a Mi palabra, ¿os estoy hablando en vano? Aún sois demasiado negligentes, ¿por qué? ¿Por qué pasa eso? ¿De verdad nunca habéis pensado esto? ¿Para quién digo estas cosas? ¡Creed en Mí! ¡Yo soy vuestro Salvador! ¡Yo soy vuestro Todopoderoso! ¡Vigilad! ¡Vigilad! El tiempo perdido nunca volverá otra vez, ¡recordad esto! ¡No hay medicina en el mundo que cure el arrepentimiento! Entonces, ¿cómo debería hablaros? ¿No es Mi palabra digna de vuestra consideración cuidadosa y repetida? Sois demasiado descuidados con Mi palabra y demasiado irresponsables con vuestras vidas; ¿cómo podría Yo soportar esto? ¿Cómo podría?

¿Por qué, en todo este tiempo, ha sido imposible que surja entre vosotros una vida de iglesia adecuada? Es porque carecéis de fe; no estáis dispuestos a pagar el precio, a ofreceros a vosotros mismos, a esforzaros ante Mí. ¡Despertad, hijos Míos! ¡Creed en Mí, hijos míos! Mis amados, ¿por qué no consideráis lo que hay en Mi corazón?

De “La Palabra manifestada en carne”

 Hoy en día, los desastres como terremotos, plagas y hambrunas están ocurriendo con frecuencia, esto es Fin del mundo en la biblia que nos dice que el día del Señor ha llegado, el Señor ha regresado. ¿Cómo debemos recibir al Señor? Puede hacer clic en los siguientes datos de contacto para discutir y comunicarse con nosotros en línea, nuestros especialistas le responderán online.

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Profecias de la segunda venida de Cristo | “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”?


¿A qué se refiere lo que profetiza el Apocalipsis 3:20  “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo”?

Xiao Fei

El Señor Jesús nos enseñó: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). El Apocalipsis 3:20 profetiza: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo”. Entonces, ¿cómo nos llamará el Señor cuando regrese y cómo hemos de recibirlo en ese momento? Estas son las preguntas que todos los que creemos en el Señor deben reflexionar.

Cuando vino el Señor Jesús a realizar la obra de redención en la Era de la Gracia, por todo el territorio de Judea se difundieron las noticias de los milagros obrados por el Señor, así como Su palabra. Su nombre también causó una gran conmoción en todos los territorios judíos y, para la gente de la época, el Señor Jesús que guiaba a Sus discípulos para que predicaran el evangelio del reino celestial allá donde fueran era el Señor que llamaba a su puerta. El Señor Jesús manifestó: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). El Señor espera que las personas se presenten ante Él para arrepentirse y confesar sus pecados. Con ello recibirán la absolución de sus pecados, el hombre se liberará de la maldición y condena de la ley, y Dios lo redimirá. En aquel tiempo, muchos judíos presenciaron los milagros llevados a cabo por el Señor Jesús. Asimismo, se percataron de la autoridad y el poder de la palabra del Señor, de tal envergadura que pudo alimentar a 5000 personas con cinco panes y dos peces. Con una sola palabra, el Señor Jesús también pudo calmar el viento y el mar y hacer que Lázaro se levantara de la tumba cuando llevaba cuatro días muerto… Todo cuanto decía el Señor Jesús se cumplía y realizaba, con lo cual comprobamos la autoridad y el poder de la palabra del Señor. Las palabras con las que el Señor Jesús enseñaba a la gente y las que empleaba para reprender a los fariseos eran la verdad, no unas palabras que los seres humanos seamos capaces de proferir. Las palabras del Señor Jesús y las cosas que hacía revelaban el carácter de Dios y lo que Dios tiene y es. Manifestaban la autoridad y el poder de Dios y hacían temblar el corazón del hombre. Podría afirmarse que los judíos de aquella época ya habían oído que el Señor estaba llamando, pero ¿qué consideración le dieron al Señor?

Los sacerdotes, escribas y fariseos judíos de aquel tiempo tenían claro que la totalidad de las palabras y de los milagros del Señor Jesús provenían de Dios, pero en absoluto tenían un corazón que venerara a Dios. No buscaban ni investigaban la obra del Señor Jesús; por el contrario, se limitaban a aferrarse a pies juntillas a las palabras de las profecías bíblicas, creyendo que el que habría de venir se llamaría Emmanuel o Mesías y nacería de una virgen. Al ver que María tenía un esposo, concluyeron que el Señor Jesús no era la inmaculada concepción del Espíritu Santo ni había nacido de una virgen. Asimismo, juzgando de forma arbitraria, afirmaron que el Señor Jesús era hijo de un carpintero y nada más que una persona totalmente corriente. Utilizaron estos juicios para negar y condenar al Señor Jesús. Incluso llegaron a blasfemar contra Él y a alegar que expulsaba a los demonios por Belcebú, príncipe de los demonios. Acabaron confabulándose con el Gobierno romano para crucificarlo. La mayoría de los judíos creían que el Señor Jesús debería haber nacido en un palacio, que sería su rey y los lideraría para echar al régimen romano. Cuando los fariseos difundían rumores y calumnias y condenaban al Señor Jesús, ellos obedecían ciegamente sin el menor discernimiento. Entre la salvación del Señor Jesús y las calumnias que decían los fariseos, la mayoría de los judíos optaron por hacer caso a las falsedades y rotundas mentiras de aquellos y rechazar el camino predicado por el Señor Jesús. Cuando el Señor llamó a su puerta, le bloquearon el acceso a sus corazones. Tal como expresó el Señor Jesús: “Y en ellos se cumple la profecía de Isaías que dice: ‘Al oir oireis, y no entendereis; y viendo vereis, y no percibireis; porque el corazon de este pueblo se ha vuelto insensible y con dificultad oyen con sus oidos; y sus ojos han cerrado, no sea que vean con los ojos, y oigan con los oidos, y entiendan con el corazon, y se conviertan, y yo los sane’” (Mateo 13:14–15). Como se negó a escuchar la voz del Señor y no aceptó Su obra de redención, el pueblo judío perdió la ocasión de seguir al Señor Jesús. A consecuencia de su oposición a Dios, recibió Su castigo, que le acarreó a la nación de Israel dos mil años de subyugación. Por el contrario, los discípulos que siguieron al Señor Jesús en aquel tiempo, como Pedro, Juan, Santiago y Bartolomé, tenían un corazón amante de la verdad. No se amparaban en sus nociones y fantasías en sus consideraciones sobre la palabra y la obra del Señor Jesús, sino que buscaban concienzudamente, las estudiaban con detenimiento y recibían el esclarecimiento del Espíritu Santo. Oyeron la voz de Dios y reconocieron que el Señor Jesús era el Mesías que había de venir, por lo que fueron al compás de las huellas del Señor y recibieron Su salvación. Es evidente que el fracaso de los fariseos y los judíos radicó en el hecho de que se basaron exclusivamente en el sentido literal de las profecías bíblicas para entender y reconocer la manifestación y obra de Dios. En consecuencia, eran personas que creían en Dios, pero se oponían a Él. Con ello comprobamos que si aquellos que creen en Dios consideran la nueva obra de Dios en función de sus nociones y fantasías, no sólo no podrán recibir la venida de Dios, sino que, además, se convertirán muy fácilmente en creyentes en Dios opuestos a Él. ¿Cuán lamentable sería eso? El Señor Jesús declaró: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos. […] Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:3,6). En este punto entendemos que solamente podemos recibir el regreso del Señor si somos capaces de ser como por ejemplo Pedro y Juan, de tener un corazón sediento y hambriento de justicia cuando oigamos la voz del Señor y de buscarla e investigarla activamente.

En la actualidad, las profecías de la segunda venida del Señor se han cumplido en lo esencial. Cuando vuelva el Señor en los últimos días, debemos estar más vigilantes y preparados, prestar atención a la voz de Dios y tener un corazón que busque y tenga sed de justicia para aguardar la llamada del Señor a nuestra puerta, que podría llegar en cualquier momento. Esta es la única manera en que podemos recibir la segunda venida del Señor. El Señor Jesús dijo: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando El, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad,” (Juan 16:12–13). Y en Apocalipsis, capítulos 2 y 3, se profetiza en numerosas ocasiones que: “El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”. En la Biblia apreciamos que, cuando regrese el Señor Jesús, expresará Su palabra y realizará una nueva obra. Esta es la llamada del Señor a nuestra puerta: el Señor llama con Su palabra a la puerta de nuestro corazón. Todos los que oyen las palabras del Señor, buscan activamente y escuchan Su voz con atención son las vírgenes prudentes. En cuanto reconocen la voz del Señor son capaces de recibir Su regreso y de aceptar el riego y la provisión de la palabra de Dios. Con ello se cumple la palabra de Dios: “Y aun sobre los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en esos días” (Joel 2:29). El Señor es fiel y seguro que esta vez permitirá que oigan Su voz todos aquellos que lo anhelan y buscan. Sin embargo, es difícil que los seres humanos comprendamos la sabiduría de Dios y la manera en que el Señor llamará a la puerta a Su regreso no será como nos parece en nuestras nociones y fantasías. Quizá alguien nos avise “¡Ha regresado el Señor!”, tal como nos advirtió el Señor Jesús: “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6). También es posible que oigamos la voz de Dios proveniente de las iglesias que difunden el evangelio del regreso del Señor o a través de Internet, la radio, Facebook u otro medio, y que veamos que Dios habla a todas las iglesias. Pese a ello, sea cual sea la manera en que el Señor llame a nuestra puerta, de ningún modo hemos de dar a Su llamada la misma consideración que le dieron los judíos. No debemos negarnos a buscar e investigar Su llamada basándonos en nuestras nociones y fantasías; menos aún hacer caso ciegamente a las mentiras y los rumores y creérnoslos. Al hacerlo rechazaríamos la llamada del Señor y perderíamos la oportunidad de recibirlo y ser elevados al reino celestial. El Apocalipsis lo profetiza: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). El Señor Jesús señala: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). La voluntad del Señor es que todos lleguemos a ser vírgenes prudentes y velemos siempre para escuchar Su voz. Cuando oigamos la voz del Señor hemos de examinarla con una mentalidad abierta y estudiarla con ahínco, y cuando reconozcamos la voz de Dios debemos salir a toda prisa a recibir al Señor. Mientras tengamos un corazón de búsqueda, no cabe duda de que Dios nos abrirá los ojos del espíritu. Así podremos ser elevados ante el trono de Dios ¡y asistir al banquete del Cordero!

¡Toda la gloria le pertenece a Dios!

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Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.


Testimonio cristiano | Comprende el verdadero significado del arrebatamiento para recibir el regreso de Dios con júbilo


Testimonio cristianoComprende el verdadero significado del arrebatamiento para recibir el regreso de Dios con júbilo

Por Damaris, Kenia

¡Hola, hermanos y hermanas! Estoy segura de que cada uno de nosotros está esperando ansiosamente el regreso del Señor, para que Él nos eleve al cielo de donde nos encontraremos con Él. Pero ¿nos arrebatará directamente cuando regrese, como imaginamos? Fue sólo por un período de tiempo de búsqueda que encontré la respuesta correcta y entendí a lo que el “arrebatamiento” realmente se refiere, y luego recibí con beneplácito el regreso del Señor. Hoy me gustaría compartir esta alegre experiencia con todos.

Incapaz de obtener sustento de sermones y anhelando que Dios regrese pronto

Nací en Kenia y asistí a la Misa Católica desde que era pequeña. Una vez que crecí, poco a poco descubrí que los sacerdotes sólo predicaban sobre la elevada teoría bíblica y el conocimiento, pero carecía totalmente de la guía y la iluminación del Espíritu Santo. Sus sermones tampoco nos dieron ningún sustento, y todos éramos muy débiles espiritualmente.

Como los sacerdotes siempre predicaban sobre las mismas cosas viejas, dejé de ir a la iglesia; Leí la Biblia y escuché himnos en casa. A veces veía un sermón en la televisión, pero descubrí que todo eso era lo ya conocido, sin luz nueva. Mi alma estaba tan hambrienta que me sentí perdida y con dolor; a menudo oraba a Dios, pidiéndole que volviera pronto. Más tarde, mi esposo me presentó a algunos hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso, diciéndome que su predicación contenía luz y era realmente agradable; dijo que tenía mucho sustento espiritual. Así que empecé a asistir a reuniones en línea con ellos.

¿El Señor Jesús ya ha regresado?


En la primera reunión hablamos del regreso del Señor Jesús. El hermano Jack dio testimonio de que el Señor Jesús ya ha regresado, de que es Dios Todopoderoso encarnado. También compartió la comunión de que la clave para recibir el regreso del Señor es poder escuchar la voz de Dios, y dijo que, en los últimos días, el Señor que ha retornado está haciendo la obra de juicio comenzando por la casa de Dios. Me sorprendió mucho oír esto y pensé: “¿El Señor ha regresado? Pero en la Biblia, el Señor dijo claramente: ‘Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre’ (Mateo 24:36). Nadie sabe cuándo regresará el Señor, ni siquiera el Hijo. ¿Cómo podrían saberlo?” Así que compartí esta confusión con él.

Esta fue su respuesta: “Hermana, cuando el Señor Jesús dijo: ‘Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo’, no estaba diciendo que nadie sabría cuándo el Señor regresa en los últimos días para aparecer y realizar Su obra, pero Él estaba diciendo que nadie sabe la hora exacta en que vendrá entre nosotros. Es el día en que el Señor bajará, nadie lo sabrá, ni siquiera los ángeles del cielo ni el Hijo. Como dice Dios Todopoderoso: ‘Al amanecer, sin que nadie lo supiera, Dios vino a la tierra e inició Su vida en la carne. Las personas fueron totalmente inconscientes de ese momento. Quizás estaban todos dormidos; tal vez muchos de los que estaban despiertos y vigilantes esperaban, y es posible que muchos estuvieran orando en silencio a Dios en el cielo. Sin embargo, entre toda esta cantidad de personas, nadie supo que Dios ya había llegado a la tierra’ (‘Obra y entrada (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”). Al leer la palabra de Dios Todopoderoso podemos obtener una mejor comprensión de que: ‘Pero de aquel día y hora nadie sabe’, sólo significa que nadie conoce el momento de la venida del Señor, pero Dios ciertamente hará saber a la gente acerca de las verdades que expresa y Su obra para salvar a la humanidad. El regreso del Señor a la tierra en la carne para realizar la obra en los últimos días es específicamente para salvar a la humanidad, así que si nadie se enteró de la noticia de Su venida, ¿cómo podríamos dar la bienvenida al Señor y obtener la salvación de la aparición de Dios en los últimos días? Hay una serie de profecías en el Libro de Apocalipsis de que el Espíritu hablará a todas las iglesias, que nos dicen que debemos estar seguros de escuchar las declaraciones de Dios. También se profetiza que Dios llamará a la puerta, y que aquellos que escuchan y reconocen la voz de Dios asistirán a la fiesta con Él. Estas profecías nos dicen que la manera de recibir el regreso de Dios es estar atentos para escuchar la voz de Dios. Cuando escuchamos a alguien difundir la noticia y dar testimonio de que Dios ha regresado, podemos determinar si realmente es el regreso del Señor Jesús al ver si las palabras que están predicando son la verdad, si estas palabras contienen autoridad y poder, y si revelan misterios. Ahora hemos aceptado y seguido a Dios Todopoderoso porque hemos leído las palabras pronunciadas por Él y hemos visto que estas palabras revelan todos los misterios de la verdad, como el plan de gestión de 6.000 años de Dios, más el destino y el resultado final de la humanidad. Hemos reconocido la voz de Dios en esto y hemos determinado que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha regresado, hemos recibido con beneplácito la segunda venida del Señor”.

Mi corazón se iluminó después de escuchar la comunión del hermano Jack. Pensé: “Eso es cierto, si el Señor regresó y nadie lo sabía, ¿cómo podríamos recibir Su salvación? Dios profetizó que pronunciaría más palabras en los últimos días, y los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso han reconocido la voz de Dios en las palabras de Dios Todopoderoso. Han determinado que Dios Todopoderoso es la segunda venida del Señor Jesús. El Señor Jesús dijo que todas Sus ovejas pueden oír Su voz, así que ¿entonces no puedo determinar si Dios Todopoderoso es el Señor que ha regresado, leyendo lo que ha dicho?” Esto me hizo querer investigar la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días, y así decidimos continuar reuniéndonos para la comunión.

Cuando el Señor regrese, ¿llevará a la gente al cielo?

Al día siguiente en el trabajo, mencioné a mis colegas que todas las profecías del regreso del Señor se habían cumplido y que los hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios Todopoderoso estaban dando testimonio de que ya había regresado. Uno de ellos simplemente no podía aceptar eso; sacó una Biblia de su bolso y leyó esto: “Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre” (1 Tesalonicenses 4:17). Ella dijo entonces: “En las epístolas de Pablo, él declaró claramente que cuando el Señor Jesús regrese, seremos llevados por el aire para encontrarnos con el Señor, pero todavía estamos en la tierra, así que ¿cómo podrías decir que ha vuelto?” Cuando me dijo esto, pensé: “Así es, todavía estamos en la tierra. ¡Si el Señor hubiera regresado, ya deberíamos haber sido arrebatados a los cielos y haber visto al Señor!”

Esa noche compartí mi dilema en la reunión, y el hermano Jack tuvo esta comunión: “Muchos creyentes piensan que, basándose en lo que Pablo dijo, cuando el Señor regrese, nos elevará al cielo para encontrarnos con él, pero ¿tiene esta idea alguna base en las palabras del Señor Jesús? Si seguimos las palabras de Pablo en lugar de las propias palabras del Señor Jesús sobre el asunto de recibir Su segunda venida, ¿está esto en línea con la voluntad de Dios? Pablo era sólo un apóstol en la Era de la Gracia que predicaba por Dios; era una persona normal. ¿Cómo podría comprender los misterios de la segunda venida de Dios en los tiempos finales? De hecho, el Señor Jesús nunca dijo que nos elevaría a los cielos cuando regresara, sino que, en cambio, nos dijo claramente: ‘Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo’ (Juan 3:13). Podemos ver que el cielo es la morada de Dios y sólo Dios, ningún ser humano puede ascender al cielo. ¿Cómo podríamos ser llevados al cielo?

“Todos sabemos que, al principio, después de que Dios creó a Adán y Eva, los puso en el Jardín del Edén para que cuidaran de todas las cosas y vivieran adecuadamente en la tierra. Después de que Satanás corrompió a la humanidad y el mundo se volvió un lugar lleno de violencia, Dios destruyó ese mundo maligno con un diluvio. En ese momento no llevó a Noé y a sus siete miembros de la familia directamente al cielo, pero le mandó a Noé que construyera un arca, donde él y su familia evitaron las aguas de inundación y pudieron sobrevivir. En la Era de la Ley Dios realizó Su obra en Israel; emitió la ley y los mandamientos por medio de Moisés para guiar la vida de las personas en la tierra. Pero al final de la Era de la Ley, la corrupción de la gente por Satanás se había hecho cada vez más profunda y no podía cumplir la ley, todos ellos se enfrentaban al peligro de ser condenados y ejecutados bajo la ley. Con el fin de redimir a la humanidad, se hizo carne por primera vez como el Señor Jesús y vino a caminar entre la humanidad, y fue clavado en la cruz por nosotros. La obra del Señor Jesús para redimir a la humanidad también se realizó en la tierra. Ahora, en los últimos días, Dios ha venido una vez más en la carne, expresando verdades para juzgar y limpiar a la humanidad; también está realizando una obra muy concreta en la tierra para salvar plenamente a la humanidad. Podemos ver de los hechos de la obra de Dios que creó a la humanidad en la tierra, preparó un ambiente adecuado para la supervivencia de los seres humanos en la tierra, hizo la obra de salvar a la humanidad en la tierra, y durante milenios los seres humanos siempre han vivido en la tierra. Y, sin embargo, siempre pensamos que vamos a ser llevados al cielo. ¿No es eso contrario a la voluntad de Dios?

Reflexioné en silencio sobre la comunión del hermano Jack en mi corazón. “Es verdad. Cuando Dios creó a la humanidad, nos puso en la tierra y nos hizo velar por todas las cosas aquí, y Su obra de salvación también se ha llevado a cabo por completo en la tierra todo el tiempo. Nosotros, los seres humanos, siempre hemos vivido en la tierra, y lo que el Señor Jesús dijo es verdad: ‘Nadie ha subido al cielo’. Sin embargo, siempre hemos pensado en vivir en el cielo, ¡eso realmente va en contra de la voluntad de Dios al crear humanidad!”

En ese momento, el hermano Jack sonrió y dijo: “Hermana, en cuanto a si Dios nos llevará al cielo cuando regrese, debemos mirar esto basado en las palabras del Señor Jesús. La oración del Señor que el Señor Jesús nos enseñó tiene esto en ella: ‘Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo’ (Mateo 6:10). El Señor nos hizo orar para que el Reino de Dios viniera a la tierra, y orar para que la voluntad de Dios se hiciera en la tierra así como en el cielo —No nos hizo orar para ser llevados al cielo. También hay algunas profecías en el Libro de Apocalipsis acerca de que el Reino de Dios se realizaría en la tierra, como la Nueva Jerusalén que baja del cielo, el tabernáculo de Dios que viene al mundo y todo poder gobernante que pertenece a Cristo, haciendo del mundo el Reino de Dios. Dios profetizó hace mucho tiempo que Su reino vendría a la tierra— el destino final de la humanidad está en la tierra, no en el cielo. Si ser arrebatados fuera lo que pensábamos, siendo llevados al cielo, ¿no llegarían todas esas profecías a nada? Vamos a leer otro pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso, y entonces este aspecto de la verdad será más claro.

Dios Todopoderoso dice: ‘Cuando Dios y el hombre entren juntos en el reposo, querrá decir que la humanidad ha sido salvada y que Satanás ha sido destruido, que la obra de Dios entre los hombres se ha terminado por completo. Dios ya no continuará obrando entre los hombres y el hombre ya no vivirá bajo el campo de acción de Satanás. Por lo tanto, Dios ya no va a estar ocupado y el hombre ya no correrá de aquí para allá; Dios y el hombre entrarán al mismo tiempo en el reposo. Dios regresará a Su posición original y cada persona regresará al lugar que le corresponde. Estos son los destinos en los que Dios y el hombre, respectivamente, residirán después del fin de toda la gestión de Dios. Dios tiene el destino de Dios y el hombre tiene el destino del hombre. Mientras reposa, Dios seguirá guiando a toda la humanidad en sus vidas sobre la tierra. Mientras está en la luz de Dios, el hombre adorará al único Dios verdadero que está en el cielo. […] cuando Dios entra en el reposo, esto quiere decir que Dios regresa a Su lugar original. Dios ya no va a vivir sobre la tierra ni compartirá el gozo y el sufrimiento de la humanidad mientras esté entre la humanidad. Cuando la humanidad entre en el reposo, esto querrá decir que el hombre se ha convertido en una verdadera creación; la humanidad adorará a Dios desde la tierra y tendrá vidas humanas normales. La gente ya no será desobediente a Dios o resistirá a Dios; regresará a la vida original de Adán y Eva. Estas son las respectivas vidas y destinos de Dios y la humanidad después de que entren en el reposo. La derrota de Satanás es una tendencia inevitable en la guerra entre Dios y Satanás. De esta manera, la entrada de Dios en el reposo después que se complete Su obra de gestión y la salvación completa del hombre y su entrada en el reposo se vuelven igualmente tendencias inevitables. El lugar de reposo del hombre está en la tierra y el lugar de reposo de Dios está en el cielo. Mientras el hombre adora a Dios en reposo vivirá sobre la tierra, y mientras Dios guía a la porción restante de la humanidad que está en reposo, […]’ (‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Las palabras de Dios Todopoderoso nos dicen muy claramente que una vez que Su obra de salvar a la humanidad haya sido completamente terminada, Él y la humanidad entrarán en reposo juntos. Dios regresará al cielo para seguir guiando a las personas que quedan, mientras que los seres humanos vivirán correctamente en la tierra. Pero lo que será diferente es que a pesar de que las personas en ese momento seguirán viviendo en la tierra, Satanás ya no las molestará ni corromperá. Ellos habrán sido completamente limpiados y salvados por Dios y ya no se rebelarán contra Dios ni resistirán. Todos ellos vivirán a la luz de Dios, escuchando, obedeciendo y adorando a Dios. Tendrán las bendiciones y la guía de Dios. Ya no sufrirán de vejez, enfermedad, muerte, ni gritarán de dolor. Estarán cara a cara con Dios todos los días, llevando vidas en la tierra como si estuvieran en el cielo. Este es el hermoso destino que Dios ha preparado para la humanidad, y es que el Reino de Dios se realiza plenamente en la tierra”.

Al oír esto, pensé: “Aunque recito la oración del Señor todo el tiempo, nunca he entendido lo que significa. Así que Dios nos dijo hace mucho tiempo que Su reino bajaría a la tierra, y el lugar que ha preparado para nosotros también está en la tierra. Las palabras de Dios Todopoderoso revelan los misterios detrás de este aspecto de la verdad: en los últimos días, Dios viene a la tierra para limpiar y salvar a la humanidad, y nuestro destino en el futuro también estará en la tierra. Siempre queremos ser llevados al cielo, pero esto no es remotamente realista. Si no hubiera sido por esta comunión, nunca habría entendido la verdad en las palabras del Señor. ¡Gracias a Dios! Entonces, ¿a qué se refiere en realidad ‘ser arrebatado’ en la Biblia?” Le pregunté al hermano Jack sobre esto.

El verdadero significado de “ser arrebatado”, revelado en las palabras de Dios

El hermano oyó y luego compartió pacientemente más comunión conmigo. “¿A qué se refiere ‘ser arrebatado’? Las palabras de Dios revelan este misterio. Vamos a leer un pasaje y lo entenderás. Dios Todopoderoso dice: ‘“Ser arrebatado” no es ser tomado de un lugar bajo para ser colocado en un lugar alto, como las personas imaginan. Esto es un tremendo error. Ser arrebatado se refiere a Mi predeterminación y Mi selección. […] Esto es sumamente incompatible con las nociones de las personas. Todas las que tengan participación en Mi casa en el futuro son personas que han sido arrebatadas delante de Mí. Esto es absolutamente cierto, nunca cambia y nadie lo puede refutar. Este es el contraataque contra Satanás. Todo aquel a quien Yo predestiné será arrebatado delante de Mí’ (‘Capítulo 104’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”).

En el pasado todos tomamos erróneamente ‘ser arrebatado’ como una referencia a ser arrebatados al cielo por Dios para encontrarnos con el Señor, pero ahora el Señor ha regresado y ha pronunciado palabras para revelar el verdadero significado de esto. Ahora finalmente entendemos que eso siempre se ha referido a la actualidad, ahora que el Señor ha venido de nuevo a hablar y a realizar Su obra en la tierra, y que cuando escuchamos la voz de Dios podemos aceptar y someternos a Su obra de los últimos días, y volver ante Su trono. Es como cuando el Señor Jesús vino a realizar Su obra, Pedro, Juan, Santiago y otros vieron la autoridad y el poder de Dios de Su obra y palabras y reconocieron al Señor como el Mesías que estaban esperando. Salieron de la ley y aceptaron la obra del Señor, sometiéndose y respetando Sus nuevas palabras. Se deleitaron con la paz y el gozo que provenían del Señor. Esta gente fue arrebatada ante Dios. En los últimos días el Señor Jesús ha regresado con el nombre de Dios Todopoderoso y ha comenzado la obra de la Era del Reino, ha expresado verdades para juzgar y limpiar a la humanidad, salvó a la humanidad para desechar plenamente los lazos y las ataduras del pecado, y traer a los que han sido limpiados al reino de Dios, donde pueden disfrutar de las bendiciones y promesas de Dios. En este momento, los verdaderos creyentes de todo el mundo, que anhelan la aparición de Dios han reconocido la voz de Dios al leer las palabras de Dios Todopoderoso; han visto que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús que ha retornado y han venido a Dios uno tras otro, ganando sustento y alimento de las palabras de Dios. ¡Esto es lo que realmente es estar arrebatado! Por otro lado, aquellos que rechazan la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y continúan aferrándose a sus propias nociones e imaginaciones, esperando tontamente a que Dios venga y los lleve al cielo, pierden la oportunidad de ser arrebatados ante Dios. Nunca obtendrán el riego y el sustento de las palabras de Dios; sus almas permanecerán secas y en la oscuridad. Todas ellas son vírgenes insensatas y serán echadas a un lado por Dios. En última instancia, inevitablemente se hundirán en el gran desastre, llorando y rechinando los dientes”.

Escuchar las palabras de Dios Todopoderoso y la comunión del hermano Jack iluminaron completamente mi corazón. Le dije felizmente: “Así que un verdadero ‘arrebatamiento’ se refiere a aceptar la obra de juicio de Dios de los últimos días, no ser llevado al cielo como imaginamos. Lo que solía pensar como arrebatado era sólo mi propia imaginación, era demasiado sobrenatural y completamente fuera de línea con la realidad de la obra de Dios. Ahora entiendo que para recibir a Dios y ser arrebatado ante Su trono tengo que ser una de las vírgenes sabias y estar segura de escuchar la voz de Dios. Esa es realmente la clave. De lo contrario, me convertiré en una virgen insensata y seré abandonada!

Sonriendo, los hermanos y hermanas dijeron: “¡Amén!”

Después de eso leí mucho más de las palabras de Dios Todopoderoso y vi que estaban tan llenas de autoridad y poder, además de que abren todos los misterios de la Biblia, como los misterios detrás de los nombres de Dios, detrás de Su obra en la carne y Sus tres etapas de obra para salvar a la humanidad y así sucesivamente. Todos estos misterios del plan de gestión de Dios son cosas que sólo Dios mismo podría revelar. De Sus palabras pude determinar que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado — Acepté muy felizmente la obra de Dios de los últimos días.

Desde entonces me he reunido con frecuencia con hermanos y hermanas para leer las palabras de Dios Todopoderoso y compartir la comunión en nuestras experiencias y entendimientos individuales. Mi alma se ha saturado, y realmente disfruto de este tipo de vida en la iglesia. Pienso en todos los hermanos y hermanas que anhelan el regreso del Señor, pero que carecen de la obra del Espíritu Santo, dejando sus espíritus sedientos y en tinieblas, todo porque se aferran a las nociones religiosas y permanecen en sus iglesias y así viven en el dolor. Es por eso por lo que me he unido a otros hermanos y hermanas para compartir el evangelio de la salvación de Dios para la humanidad en los últimos días para que al igual que yo, puedan reunirse con el Señor, ser arrebatados ante Dios, y obtener Su salvación de los últimos días. ¡Gracias a Dios!

Aprender más: Qué es el arrebatamiento

Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Reflexion del evangelio de hoy | ¿A qué tipo de persona salva Dios entonces y a qué clase elimina?



Reflexion del evangelio de hoy | ¿A qué tipo de persona salva Dios entonces y a qué clase elimina?
 
Decís que, durante los últimos días, Dios hace la obra del juicio empezando por la casa de Dios, clasifica a cada uno según su tipo, recompensa el bien y castiga el mal. ¿A qué tipo de persona salva Dios entonces y a qué clase elimina?

Versículos bíblicos como referencia:

“No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’ Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:21-23).

“En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 18:3).

“El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo. Pero los cobardes, incrédulos, abominables, asesinos, inmorales, hechiceros, idólatras y todos los mentirosos tendrán su herencia en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda” (Apocalipsis 21:7-8).

“Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener derecho al árbol de la vida y para entrar por las puertas a la ciudad. Afuera están los perros, los hechiceros, los inmorales, los asesinos, los idólatras y todo el que ama y practica la mentira” (Apocalipsis 22:14-15).

Las palabras relevantes de Dios:

Hoy en día, los que buscan y los que no buscan son dos clases completamente diferentes de personas cuyos destinos son también muy diferentes. Los que buscan el conocimiento de la verdad y practican la verdad son aquellos a los que Dios traerá la salvación. Los que no conocen el camino verdadero son demonios y enemigos; son los descendientes del arcángel y van a ser objeto de la destrucción. Incluso los que son creyentes piadosos de un Dios ambiguo ¿no son también demonios? Las personas que tienen una buena conciencia, pero no aceptan el camino verdadero, son demonios; su esencia es de resistencia hacia Dios. Los que no aceptan el camino verdadero son los que se resisten a Dios; incluso si estas personas sufren muchas dificultades, aun así, van a ser destruidas. Todos los que no están dispuestos a abandonar el mundo, que no pueden soportar separarse de sus padres y que no pueden soportar deshacerse de sus propios deleites de la carne, son desobedientes a Dios y todos van a ser objeto de la destrucción. Cualquiera que no crea en Dios encarnado es demoniaco y, es más, va a ser destruido. Los que tienen fe, pero no practican la verdad, los que no creen en el Dios encarnado y los que de ningún modo creen en la existencia de Dios, también van a ser objeto de la destrucción. A todos los que se les permitirá permanecer son personas que han pasado por el sufrimiento del refinamiento y han permanecido firmes; estas son personas que verdaderamente han padecido pruebas. Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, cualquiera que no reconoce a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, ¡es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios? ¿No son esos los que verbalmente afirman tener fe, pero carecen de la verdad? ¿No son esos los que solo buscan el obtener las bendiciones, mientras que no pueden dar testimonio de Dios? Todavía hoy te mezclas con esos demonios y tienes conciencia de ellos y los amas, pero, en este caso, ¿no estás teniendo buenas intenciones con Satanás? ¿No te estás asociando con los demonios? Si hoy en día las personas siguen sin ser capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo, y continúan siendo ciegamente amorosas y misericordiosas sin ninguna intención de buscar la voluntad de Dios y siguen sin ser capaces de ninguna manera de albergar las intenciones de Dios como propias, entonces su final será mucho más desdichado. Cualquiera que no cree en el Dios en la carne es Su enemigo. Si puedes tener conciencia y amor hacia un enemigo, ¿no careces del sentido de justicia? Si eres compatible con los que Yo detesto y con los que estoy en desacuerdo, y aun así tienes amor o sentimientos personales hacia ellos, entonces ¿acaso no eres desobediente? ¿No estás resistiéndote a Dios de una manera intencionada? ¿Posee la verdad una persona así? Si las personas tienen conciencia hacia los enemigos, amor hacia los demonios y misericordia hacia Satanás, ¿no están perturbando de manera intencionada la obra de Dios? Esas personas que creen solo en Jesús y no creen en Dios encarnado durante los últimos días, y aquellas que verbalmente afirman creer en Dios encarnado, pero hacen el mal, todas son anticristos, sin mencionar a aquellas que ni siquiera creen en Dios. Todas estas personas serán objetos de la destrucción. El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuya conducta es buena es una persona justa y uno cuya conducta es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto. Algunas personas desean usar las buenas obras para obtener un buen destino en el futuro y algunas personas desean usar palabras delicadas para adquirir un buen destino. Todo el mundo falsamente cree que Dios determina el resultado de las personas después de observar su comportamiento o después de escuchar su discurso; muchas personas desearán entonces aprovecharse de esto para engañar a Dios y así les conceda un favor temporal. En el futuro, las personas que sobrevivirán en un estado de reposo, todas habrán soportado el día de la tribulación y también habrán dado testimonio de Dios; todas serán personas que hayan cumplido su deber y se hayan sometido intencionadamente a Dios. A los que simplemente desean usar la oportunidad de servir con la intención de evitar practicar la verdad no se les permitirá permanecer. Dios tiene estándares apropiados para disponer el resultado de todos los individuos; Él simplemente no toma estas decisiones de acuerdo a palabras y conductas, ni tampoco las toma de acuerdo con su comportamiento durante un solo periodo de tiempo. De ninguna manera será indulgente con toda la conducta malvada de alguien debido al servicio pasado que haya hecho para Él, ni tampoco va a perdonar de la muerte a alguien por haberse gastado una vez para Dios. Nadie puede evadir el castigo por haber sido malvados y nadie puede cubrir su comportamiento malvado y, por lo tanto, evadir los tormentos de la destrucción. Si las personas pueden cumplir con su propio deber, esto quiere decir que son eternamente fieles a Dios y no buscan recompensas, independientemente de si reciben bendiciones o sufren desgracias. Si las personas son fieles a Dios cuando ven bendiciones, pero pierden su fidelidad cuando no pueden ver bendiciones, y si al final todavía son incapaces de dar testimonio de Dios y cumplir los deberes que les corresponden, entonces serán objeto de la destrucción, a pesar de haber prestado servicio fiel a Dios. En resumen, las personas malvadas no pueden sobrevivir a la eternidad ni tampoco pueden entrar en el reposo; solo los justos son los maestros del reposo.
Extracto de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios salva a los vivos; Dios los ha juzgado y castigado, están dispuestos a consagrarse, están felices de dar sus vidas por Dios y con gusto dedicarían todas sus vidas a Él. Sólo cuando los vivos dan testimonio de Dios, Satanás puede ser humillado; sólo los vivos pueden esparcir la obra del evangelio de Dios, sólo los vivos son conformes al corazón de Dios, y sólo los vivos son personas reales. Originalmente el hombre que Dios hizo estaba vivo, pero debido a la corrupción de Satanás, el hombre vive en medio de la muerte y bajo la influencia de Satanás, y así, de esta manera, la gente se ha convertido en muertos sin espíritu, se han convertido en enemigos que se oponen a Dios, se han convertido en las herramientas de Satanás, y se han convertido en los cautivos de Satanás. Todas las personas vivientes que Dios creó se han convertido en personas muertas, y por eso Dios ha perdido Su testimonio y ha perdido a la humanidad que Él creó y que es lo único que tiene Su aliento. Si Dios ha de recuperar Su testimonio, y recuperar a los que Su propia mano hizo pero que Satanás ha tomado cautivos, entonces Él los debe resucitar para que se conviertan en seres vivientes, y Él los debe reclamar para que vivan en Su luz. Los muertos son los que no tienen espíritu, son insensibles en extremo y se oponen a Dios. Son ante todo aquellos que no conocen a Dios. Estas personas no tienen la más mínima intención de obedecer a Dios; sólo se rebelan contra Él y se oponen a Él, y no tienen la más mínima lealtad. Los vivos son aquellos cuyos espíritus han vuelto a nacer, que saben obedecer a Dios y son leales a Dios. Poseen la verdad y el testimonio y sólo estas personas son agradables a Dios en Su casa. Dios salva a los que pueden cobrar vida, pueden ver la salvación de Dios, pueden ser leales a Dios y están dispuestos a buscar a Dios. Él salva a los que creen en la encarnación de Dios y creen en Su aparición. Algunas personas pueden cobrar vida y otras no; esto depende de si su naturaleza puede ser salvada o no. Muchas personas han oído un montón de palabras de Dios pero no entienden la voluntad de Dios, y todavía no son capaces de ponerlas en práctica. Tales personas son incapaces de vivir cualquier verdad y además interfieren deliberadamente con la obra de Dios. Son incapaces de hacer ninguna obra para Dios, no pueden consagrar nada a Él, y también en secreto gastan el dinero de la iglesia y comen en la casa de Dios gratis. Estas personas están muertas y no serán salvas. Dios salva a todos los que están en medio de Su obra, pero hay una parte de ellos que no puede recibir Su salvación. Esto se debe a que la mayoría de las personas han sido corrompidas muy profundamente y se han convertido en personas muertas y están más allá de la salvación; Satanás las ha explotado por completo y su naturaleza es demasiado maliciosa. Esa minoría de personas tampoco es capaz de obedecer a Dios completamente. No son esos que han sido absolutamente fieles a Dios desde el principio, ni que han tenido el mayor amor por Dios desde el principio; en su lugar, se han vuelto obedientes a Dios gracias a Su obra de conquista, ven a Dios gracias a Su amor supremo, hay cambios en su carácter gracias al justo carácter de Dios, y han llegado a conocer a Dios gracias a Su obra, que es tanto práctica como normal.
Extracto de ‘¿Eres alguien que ha cobrado vida?’ en “La Palabra manifestada en carne”

La salvación de Dios para la humanidad de aquellos que aman la verdad, de la parte de ellos con voluntad y determinación, y de la parte de ellos que es su anhelo por la verdad y justicia en su corazón. La determinación de una persona se refiere a la parte de ellos dentro de su corazón que anhela la justicia, la bondad y la verdad, y que posee conciencia. Dios salva esta parte de la gente, y a través de ella Él cambia su carácter corrupto para que puedan comprender y obtener la verdad, para que su corrupción pueda ser purificada y su carácter de vida pueda transformarse. Si no posees estas cosas en ti, no puedes ser salvado. Si dentro de ti no existe amor por la verdad y si no aspiras a la justicia y a la luz, si cuandoquiera que te encuentres con el mal no tienes la voluntad para desechar las cosas malignas ni la determinación para padecer dificultades; si, además, tu conciencia está adormecida, si tu capacidad de recibir la verdad también lo está, si no tienes sincronía con la verdad y los acontecimientos que surjan, y si no tienes discernimiento en todas las cosas y eres incapaz de manejar o resolver las cosas por tu cuenta, no hay forma de ser salvado. Tal persona no tiene nada por lo que se la pueda recomendar, nada con lo que merezca la pena obrar. Su conciencia está adormecida, su mente confusa, no ama la verdad ni anhela la justicia en el fondo de su corazón, y no responde por muy clara o transparentemente que hable Dios acerca de la verdad, como si estuviera muerta. ¿Acaso no han acabado las cosas para ellos? Una persona a la que le quede aliento puede salvarse mediante la respiración artificial, pero si la persona ya ha muerto y su alma ha partido, la respiración artificial será inútil. Si cuando te encuentras un problema te encoges y tratas de evitarlo, eso significa que no has dado testimonio; por tanto, nunca puedes ser salvado, y estás completamente acabado.
Extracto de ‘Las personas confundidas no pueden ser salvas’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Las personas a las que Dios salva son las que han sido corrompidas por Satanás y así han llegado a tener un carácter corrupto. No son personas perfectas sin la más mínima mancha ni son personas que vivan en el vacío. Algunas, tan pronto como se revela su corrupción, piensan: “Una vez más me he resistido a Dios; he creído en Él por muchos años pero aún no he cambiado. ¡Seguramente Dios ya no me quiere!”. ¿Qué clase de actitud es esta? Se han rendido y piensan que Dios ya no las quiere. ¿Acaso no están malinterpretando a Dios? Cuando eres tan negativo, es más fácil que Satanás encuentre grietas en tu armadura, y una vez que ha tenido éxito, las consecuencias son inimaginables. Por lo tanto, sin importar con cuántas dificultades te encuentres o cuán negativo te sientas, ¡nunca debes rendirte! Mientras las vidas de las personas se desarrollan y mientras son salvadas, a veces toman la senda equivocada o se descarrían. Por un tiempo demuestran ciertos estados y conductas inmaduros en su vida, o a veces se debilitan y se vuelven negativas, dicen cosas equivocadas, resbalan y caen o sufren un fracaso. Desde el punto de vista de Dios, todas esas cosas son normales y Él no haría un escándalo por ellas. Al comprobar lo hondamente corrompidas que están y que jamás podrán satisfacer a Dios, a algunas personas les duele el corazón, y quienes son capaces de tener semejante remordimiento suelen ser objeto de la salvación de Dios. Aquellos que creen no necesitar la salvación, que ya se consideran perfectos, no son los que salvará Dios. ¿Por qué os digo esto? Lo que quiero decir es que debes tener fe: “Pese a ser débil ahora y a haber caído y fallado, algún día maduraré, algún día podré satisfacer a Dios, entender la verdad y salvarme”. Debes tener esta fe. Independientemente de los reveses, las dificultades, los fallos y las caídas, no debes ser negativo; has de saber a qué clase de personas salva Dios. Además, si te consideras no apto para que te salve Dios, si a veces te hallas en un estado en el que te sientes abominable o desagradable para Dios o si en algún momento del pasado Él no te dio Su aprobación o te rechazó por completo, tranquilo. Ahora sabes esto, así que no es demasiado tarde; siempre y cuando te arrepientas, Dios te dará la oportunidad de salvarte.
Extracto de ‘La entrada en la vida es sumamente importante para la fe en Dios’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Mucha gente preferiría ser condenada al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto, sé muy bien lo difícil que es para vosotros ser honestos. Como todos sois tan inteligentes, tan buenos para juzgar a la gente con vuestra mezquina vara de medir, esto hace Mi obra mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en su corazón, entonces os enviaré uno por uno al desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento creáis a muerte en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡Tortuoso es el corazón del hombre!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Me imagino que no seréis tan triunfantes como sois ahora y que, mucho menos, seréis tan “profundos y abstrusos”. En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, se esfuerzan por ser “bien educados”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir, si eres tan reticente a dejar al descubierto tus secretos, tus dificultades, ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no logrará la salvación fácilmente ni saldrá de las tinieblas. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres alguien que vive siempre en la luz. Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo una persona honesta. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantenerte firme en tu testimonio, si eres honesto hasta el punto en que solo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que tales personas son las que se alimentan en la luz y vivirán para siempre en el reino. Deberías saber si existe verdadera fe y lealtad dentro de ti, si tienes un registro de sufrimiento por Dios, y si te has sometido enteramente a Él. Si careces de estas cosas, entonces dentro de ti sigue existiendo desobediencia, engaño, codicia y descontento. Debido a que tu corazón dista mucho de ser honesto, nunca has recibido el reconocimiento favorable de Dios y nunca has vivido en la luz. Cómo resulte el destino de uno al final depende de si tiene un corazón honesto y rojo como la sangre, y de si tiene un alma pura. Si eres alguien muy deshonesto, alguien con un corazón malicioso y un alma sucia, entonces seguramente terminarás en el lugar donde el hombre es castigado, como está escrito en el registro de tu destino.
Extracto de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

Aquellos entre los hermanos y hermanas que siempre están dando rienda suelta a su negatividad son lacayos de Satanás y perturban a la iglesia. Tales personas deben ser expulsadas y eliminadas un día. En su creencia en Dios, si las personas no tienen un corazón reverente a Dios, si no tienen un corazón obediente a Dios, entonces no solo no podrán hacer ninguna obra para Él, sino que, por el contrario, se convertirán en quienes perturban Su obra y lo desafían. Creer en Dios, pero no obedecerlo ni venerarlo y, más bien, resistirse a Él, es la mayor desgracia para un creyente. Si los creyentes son tan casuales y desenfrenados en sus palabras y su conducta como lo son los incrédulos, entonces son todavía más malvados que los incrédulos; son demonios arquetípicos. Aquellos que dan rienda suelta a su conversación venenosa y maliciosa dentro de la iglesia, que difunden rumores, fomentan la desarmonía y forman grupitos entre los hermanos y hermanas deben ser expulsados de la iglesia. Sin embargo, como esta es una era diferente de la obra de Dios, estas personas son restringidas, pues enfrentan una segura eliminación. Todos los que han sido corrompidos por Satanás tienen un carácter corrupto. Algunos no tienen nada más que un carácter corrupto, mientras que otros son diferentes: no solo su carácter ha sido corrompido por Satanás, sino que su naturaleza también es extremadamente maliciosa. No solo sus palabras y acciones revelan su carácter corrupto y satánico; además, estas personas son el auténtico diablo Satanás. Su comportamiento interrumpe y perturba la obra de Dios, perjudica la entrada a la vida de los hermanos y hermanas y daña la vida normal de la iglesia. Tarde o temprano, estos lobos con piel de oveja deben ser eliminados; debe adoptarse una actitud despiadada, una actitud de rechazo hacia estos lacayos de Satanás. Solo esto es estar del lado de Dios y aquellos que no lo hagan se están revolcando en el fango con Satanás.
Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Cada iglesia tiene personas que le provocan problemas o que se inmiscuyen en la obra de Dios. Todas ellas son satanases que se han infiltrado en la casa de Dios disfrazadas. Este tipo de personas son buenas para actuar. Vienen delante de Mí con gran reverencia, inclinándose y haciendo chirridos, viviendo como perros sarnosos y dedicando “todo” lo que son a lograr sus propios objetivos, pero ante los hermanos y hermanas, muestran su lado feo. Cuando ven a personas que practican la verdad, las eliminan y las hacen a un lado; cuando ven a alguien más formidable que ellos, lo adulan y son serviles con él. Proliferan en la iglesia. Puede decirse que esos “bravucones locales”, esos “perros falderos”, existen en la mayoría de las iglesias. Se unen en sus actos diabólicos, se guiñan el ojo y se envían señales secretas, y ninguno de ellos practica la verdad. Quien tiene más veneno es el “demonio jefe”, y quien tiene el más alto prestigio los conduce y lleva su estandarte en alto. Estas personas alborotan la iglesia, esparciendo su negatividad, emitiendo muerte, haciendo lo que les place, diciendo lo que les place, y nadie se atreve a detenerlas. Rebosan del carácter de Satanás. Tan pronto como comienzan a causar disturbios, un aire de muerte entra en la iglesia. Aquellos que están dentro de la iglesia y practican la verdad son echados fuera, incapaces de darlo todo, mientras que los que perturban a la iglesia y esparcen la muerte hacen vandalismo en la iglesia y, lo que es peor, la mayoría de las personas los sigue. Tales iglesias son dirigidas por Satanás, lisa y llanamente, y el diablo es su rey. Si los congregantes no se levantan y rechazan a los demonios principales, entonces ellos también, tarde o temprano, se irán a la ruina. A partir de ahora, deben tomarse medidas contra tales iglesias. Si los congregantes de una iglesia son capaces de practicar un poco de verdad, pero no buscan hacerlo, entonces esa iglesia será eliminada. Si no hay nadie en una iglesia que esté dispuesto a practicar la verdad y nadie que pueda dar testimonio de Dios, entonces esa iglesia debe ser completamente aislada y se deben cortar sus conexiones con otras iglesias. A esto se le llama “muerte por sepultura”; eso es lo que significa expulsar a Satanás. Si en una iglesia hay varios bravucones y son seguidos por “pequeñas moscas” que no pueden distinguir lo que son, y si los congregantes, incluso después de haber visto la verdad, siguen siendo incapaces de rechazar las ataduras y la manipulación de estos bravucones, entonces todos estos tontos serán eliminados al final. Tal vez estas pequeñas moscas no hayan hecho nada terrible, pero son aún más astutas, aún más resbaladizas y evasivas y todos los que son como ellas serán eliminados. ¡No quedará ni uno! Aquellos que pertenecen a Satanás serán devueltos a Satanás, mientras que aquellos que pertenecen a Dios seguramente irán en busca de la verdad; esto está determinado por su naturaleza. ¡Que todos los que siguen a Satanás perezcan! No habrá piedad para estas personas. Que los que buscan la verdad sean provistos y que se complazcan en la palabra de Dios hasta que se sientan saciados. Dios es justo; Él no muestra favoritismo hacia nadie. Si eres un diablo, entonces eres incapaz de practicar la verdad; si eres alguien que busca la verdad, entonces es seguro que no serás llevado cautivo por Satanás. Esto está más allá de toda duda.
Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las personas que auténticamente creen en Dios son aquellas que están dispuestas a poner en práctica la palabra de Dios y a practicar la verdad. Las personas que verdaderamente son capaces de permanecer firmes en su testimonio de Dios son, también, aquellas que están dispuestas a poner Su palabra en práctica y auténticamente pueden ponerse del lado de la verdad. Todas las personas que recurren a los engaños y a la injusticia carecen de la verdad y avergüenzan a Dios. Aquellas que provocan disputas en la iglesia son lacayos de Satanás, son la encarnación de Satanás. Esas personas son sumamente malvadas. Todas aquellas que carecen de discernimiento y son incapaces de ponerse de parte de la verdad albergan intenciones malignas y manchan la verdad. Más que eso, son los representantes arquetípicos de Satanás. Están más allá de la redención y, de manera natural, serán eliminadas. La familia de Dios no permite que aquellos que no practican la verdad permanezcan y tampoco que lo hagan aquellos que deliberadamente desmantelan a la iglesia. Sin embargo, este no es el momento de llevar a cabo la obra de expulsión; esas personas simplemente serán expuestas y eliminadas al final. No debe gastarse más obra inútil en estas personas; aquellos que pertenecen a Satanás son incapaces de ponerse del lado de la verdad, mientras que aquellos que buscan la verdad sí pueden hacerlo. Las personas que no practican la verdad no son dignas de escuchar el camino de la verdad ni de dar testimonio de ella. La verdad simplemente no es para sus oídos; más bien, está dirigida a quienes la practican. Antes de que se revele el fin de cada persona, aquellos que perturban a la iglesia e interrumpen la obra de Dios serán hechos a un lado por ahora y se les tratará después. Una vez que la obra esté completa, cada una de estas personas será expuesta y, luego, serán eliminadas. Por ahora, mientras se está proveyendo la verdad, serán ignoradas. Cuando toda la verdad se revele a la humanidad, esas personas deberán ser eliminadas; ese será el momento en el que todas las personas serán clasificadas según su especie. Los engaños insignificantes de quienes no tienen discernimiento los llevarán a su destrucción a manos de los malvados, serán alejados por ellos para no regresar jamás. Y ese es el trato que merecen, porque no aman la verdad, porque son incapaces de ponerse del lado de la verdad, porque siguen a las personas malvadas y están del lado de las personas malvadas y porque se confabulan con personas malvadas y desafían a Dios. Saben perfectamente que esas personas malvadas irradian maldad, pero endurecen su corazón y le dan la espalda a la verdad para seguirlas. ¿Acaso no están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, pero que hacen cosas destructivas y abominables? Aunque hay entre ellos quienes se visten como reyes y otros que los siguen, ¿no son iguales sus naturalezas que desafían a Dios? ¿Qué excusa pueden tener para afirmar que Dios no los salva? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no es justo? ¿No es su propio mal el que los está destruyendo? ¿No es su propia rebeldía la que los está arrastrando al infierno? Las personas que practican la verdad, al final, serán salvas y perfeccionadas a causa de la verdad. Al final, aquellos que no practican la verdad causan su propia destrucción a causa de la verdad. Estos son los fines que esperan a los que practican la verdad y a los que no la practican.
Extracto de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

No importa cómo sean probados, la lealtad de los que tienen a Dios en su corazón se mantiene sin cambios; pero para los que no tienen a Dios en su corazón, una vez que la obra de Dios no es favorable para su carne, cambian su opinión de Dios y hasta se apartan de Dios. Así son los que no se mantendrán firmes al final, que sólo buscan las bendiciones de Dios y no tienen el deseo de entregarse a Dios y dedicarse a Él. Todas estas personas tan viles serán expulsadas cuando la obra de Dios llegue a su fin y no son dignas de ninguna simpatía. Los que carecen de humanidad no pueden amar verdaderamente a Dios. Cuando el ambiente es seguro y fiable o hay ganancias que obtener, son completamente obedientes a Dios, pero cuando lo que desean está comprometido o finalmente se les niega, de inmediato se rebelan. Incluso, en el transcurso de una sola noche pueden pasar de ser una persona sonriente y “de buen corazón” a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son. Si estos demonios no son desechados, estos demonios que matarían sin pensarlo dos veces, ¿no se convertirían en un peligro oculto? La obra de salvar al hombre no se logra después de que se complete la obra de conquista. Aunque la obra de conquista ha llegado a su fin, la obra de purificar al hombre no lo ha hecho; esa obra solo se terminará una vez que el hombre haya sido completamente purificado, una vez que los que verdaderamente se someten a Dios hayan sido hechos completos y una vez que esos que se disfrazan, que no tienen a Dios en su corazón, hayan sido purgados. Los que no satisfacen a Dios en la etapa final de Su obra serán eliminados por completo y los que son eliminados son del diablo. Ya que no son capaces de satisfacer a Dios son rebeldes contra Dios y, aunque estas personas siguen a Dios en la actualidad, esto no prueba que son los que finalmente permanecerán. En las palabras, “los que siguen a Dios hasta el final recibirán la salvación”, el significado de “siguen” es mantenerse firmes en medio de la tribulación. Hoy, muchos creen que seguir a Dios es fácil, pero cuando la obra de Dios esté a punto de terminar, tú sabrás el verdadero significado de “seguir”. Solo porque hoy puedas todavía seguir a Dios después de haber sido conquistado, esto no prueba que seas de los que serán perfeccionados. Los que no pueden soportar las pruebas, que no pueden ser triunfadores en medio de la tribulación, no podrán, al final, mantenerse firmes y no podrán seguir a Dios hasta el final. Los que verdaderamente siguen a Dios pueden resistir la evaluación de su obra, mientras que los que no siguen a Dios realmente no pueden resistir ninguna de las pruebas de Dios. Tarde o temprano serán expulsados, mientras que los victoriosos permanecerán en el reino. Que el hombre verdaderamente busque a Dios o no lo determina la evaluación de su obra, es decir, las pruebas de Dios, y no tiene nada que ver con la decisión del hombre mismo. Dios no rechaza a ninguna persona a capricho; todo lo que Él hace es para que el hombre pueda ser completamente convencido. No hace nada que sea invisible para el hombre ni ninguna obra que no pueda convencer al hombre. El que la creencia del hombre sea verdadera o no lo prueban los hechos y no lo puede decidir el hombre. Sin duda, “el trigo no se puede hacer cizaña y la cizaña no se puede hacer trigo”. Todos los que verdaderamente aman a Dios al final permanecerán en el reino y Dios no maltratará a ninguno que verdaderamente lo ame.
Extracto de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

En este momento, la eficacia de vuestra búsqueda se mide por lo que poseéis actualmente. Esto es lo que determina vuestro resultado; es decir, vuestro resultado se revela por los sacrificios y cosas que hayáis hecho. Vuestra búsqueda, vuestra fe y vuestros actos indicarán vuestro resultado. Muchos ya sois imposibles de salvar, pues hoy es el día en que se revelan los resultados de las personas y no me despistaré en Mi obra; no llevaré a la próxima era a aquellos totalmente imposibles de salvar. Llegará un momento en que Mi obra esté terminada. No obraré en esos cadáveres malolientes y exánimes que no se pueden salvar en absoluto; estos son los últimos días de la salvación del hombre y no obraré en balde. No claméis contra el cielo y la tierra: está llegando el fin del mundo. Es inevitable. Las cosas han llegado hasta este punto y no hay nada que tú, como ser humano, puedas hacer para detenerlas; no puedes cambiar las cosas como desees. Ayer no pagaste la consecuencia de buscar la verdad y no fuiste leal. Hoy ha llegado la hora, no te puedes salvar, y mañana serás descartado y no habrá margen para que te salves. Aunque Mi corazón es manso y hago todo lo posible por salvarte, si no te esfuerzas por tu parte ni piensas por ti mismo, ¿qué tengo que ver Yo en esto? Aquellos que solo piensan en la carne y disfrutan de la comodidad; aquellos que parecen creer, pero realmente no creen; aquellos que se dedican a la medicina maligna y la brujería; los promiscuos y harapientos; aquellos que roban sacrificios y posesiones a Jehová; los amantes de los sobornos; aquellos que sueñan ociosamente con ascender al cielo; los arrogantes y vanidosos, que únicamente persiguen su fama y fortuna; aquellos que difunden impertinencias; aquellos que blasfeman contra el propio Dios; aquellos que no hacen sino juzgarlo y difamarlo; aquellos que forman corrillos y buscan la independencia; aquellos que se enaltecen por encima de Dios; los hombres y mujeres frívolos jóvenes, de mediana edad y ancianos atrapados en el libertinaje; los hombres y mujeres que disfrutan de su fama y fortuna y persiguen su estatus personal en medio de los demás; los impenitentes atrapados en el pecado… ¿No son todos ellos imposibles de salvar? El libertinaje, la pecaminosidad, la medicina maligna, la brujería, la blasfemia y las impertinencias se desbocan entre vosotros, entre quienes quedan pisoteadas la verdad y las palabras de vida y adulterado el lenguaje sacro. ¡Vosotros, gentiles, repletos de inmundicia y desobediencia! ¿Cuál será vuestro resultado final? ¡Cómo pueden tener la osadía de seguir viviendo aquellos que aman la carne, los hechizados por ella y los que están atrapados en pecados libertinos! ¿No sabes que las personas como tú son unos gusanos imposibles de salvar? ¿Qué te da derecho a exigir esto y aquello? Hasta la fecha no se ha producido la menor transformación en aquellos que no aman la verdad y solo aman la carne; ¿cómo van a poder salvarse esas personas? Aquellos que no aman el camino de la vida, que no enaltecen a Dios ni dan testimonio de Él, que maquinan por su estatus, que se ensalzan, ¿no siguen siendo los mismos, incluso hoy en día? ¿Qué valor tiene salvarlos? Que puedas salvarte no depende de tu antigüedad ni de cuántos años lleves trabajando, y ni mucho menos de cuántas referencias hayas acumulado. Más bien depende de si tu búsqueda ha dado fruto. Debes saber que quienes se salvan son los “árboles” que dan fruto, no los árboles con follaje exuberante y abundantes flores que aún no dan fruto. Aunque hayas pasado muchos años vagando por las calles, ¿qué importa eso? ¿Dónde está tu testimonio? Tu veneración por Dios es mucho menor que tu amor propio y tus deseos lujuriosos; ¿esto no es ser una persona degenerada? ¿Cómo va a ser ejemplo y modelo de salvación? Tu naturaleza es incorregible, eres demasiado rebelde, ¡imposible de salvar! ¿No serán esas personas las descartadas? ¿Acaso cuando termine Mi obra no será el momento en que llegará tu último día? He llevado a cabo una gran obra y pronunciado muchísimas palabras entre vosotros; ¿cuánto de esto os ha entrado de veras en los oídos? ¿Cuánto habéis obedecido? Cuando termine Mi obra será el momento en que dejarás de oponerte a Mí, de estar en contra de Mí. A medida que obro, actuáis constantemente contra Mí; jamás acatáis Mis palabras. Yo llevo a cabo Mi obra y tú realizas tu propia “obra” de crear tu pequeño reino. ¡No sois más que una manada de zorros y perros que todo lo hacen para oponerse a Mí! Siempre procuráis atraer a aquellos que os ofrecen su amor sin reservas; ¿dónde está vuestra veneración? ¡Todo lo que hacéis es engañoso! ¡No tenéis obediencia ni veneración y todo lo que hacéis es engañoso y blasfemo! ¿Se pueden salvar unas personas así? Los hombres sexualmente inmorales y lascivos siempre quieren atraer a rameras coquetas para su disfrute. De ningún modo salvaré a esos demonios sexualmente inmorales. Os odio, inmundos demonios, y vuestra lascivia y coquetería os sumirán en el infierno. ¿Qué tenéis que decir? ¡Vosotros, inmundos demonios y malos espíritus, sois repulsivos! ¡Sois repugnantes! ¿Cómo podría salvarse semejante basura? ¿Todavía pueden salvarse aquellos que están atrapados en el pecado? Hoy en día, esta verdad, este camino y esta vida no os atraen; por el contrario, os atraen la pecaminosidad, el dinero, la posición, la fama, la ganancia, el disfrute de la carne, el atractivo de los hombres y los encantos de las mujeres. ¿Qué os hace aptos para entrar en Mi reino? Vuestra imagen es aún más grande que la de Dios y vuestro estatus es incluso superior al suyo, por no hablar de vuestro prestigio entre los hombres: os habéis convertido en ídolos de la gente. ¿Tú no te has convertido en arcángel? Cuando revele los resultados de las personas, que también será cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de vosotros seréis cadáveres imposibles de salvar y deberéis ser descartados.
Extracto de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Al hablar de Señales del fin del mundo, el Señor Jesús predijo: "Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino"(Mateo 24:7). Hoy en día, esta profecía sh ha cumplido, se puede confirmar que el día del Señor ha llegado. Entonces, ¿cómo debemos recibir al Señor? Puede hacer clic en los siguientes datos de contacto para discutir y comunicarse con nosotros en línea, nuestros especialistas le responderán online.


Las escrituras tomadas de LA BIBLIA DE LAS AMERICAS® (LBLA) Copyright © 1986, 1995, 1997 por The Lockman Foundation usado con permiso. www.LBLA.com.

Película cristiana | "El despertar del sueño" Revelación de los misterios del reino de los cielos


 

Película cristiana | "El despertar del sueño" Revelación de los misterios del reino de los cielos

Como muchos seguidores del Señor Jesús, Yu Fan se centraba en el estudio de la Biblia; lo dejó todo para pagar el precio del sufrimiento por el Señor y buscó servir con fervor al Señor. Pensaba que buscando su fe de esta manera, cuando el Señor regresara la arrebataría definitivamente para llevarla al reino de los cielos. Cuando Yu Fan predicaba y trabajaba con entusiasmo para el Señor con el fin de cumplir su hermoso sueño, sus compañeros le plantearon esta cuestión: aunque a los creyentes se nos hayan perdonado nuestros pecados, aunque lo dejemos todo y paguemos el precio del sufrimiento por el Señor, seguimos revelando nuestra corrupción en ocasiones, seguimos pecando y oponiéndonos al Señor. Dios es santo, entonces ¿cómo podemos las personas corruptas como nosotros ser dignas de Su alabanza? ¿Estamos cualificados para entrar en el reino de los cielos? Estas preguntas de sus compañeros no hicieron que Yu Fan reflexionara en absoluto, no hasta que conversó con los predicadores de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Fue entonces cuando Yu Fan comprendió los misterios del arrebatamiento. Finalmente, pudo despertar de su sueño y creer firmemente que Dios Todopoderoso era su anhelado Salvador, el Señor Jesús.

Reflexión de la vida: ¿Cuál es el verdadero significado de la vida? Las últimas palabras de un rey alimentan el pensamiento

 
Reflexión de la vida : ¿Cuál es el verdadero significado de la vida? Las últimas palabras de un rey alimentan el pensamiento

Por Mo Yan

Un día me topé con un relato en la historia, mientras estaba en mi teléfono, fue realmente inspirador para mí, así que quería compartirla con otros. La historia es la siguiente: Alejandro Magno fue uno de los comandantes militares más exitosos de la historia. Se enfermó mucho en su viaje de regreso de su victoriosa campaña militar, y justo cuando estaba a punto de morir, compartió sus tres últimos deseos con sus generales. Primero, quería que sus médicos llevaran su ataúd de vuelta, y quería que el camino al cementerio donde se llevaría su ataúd fuera cubierto con oro, plata y piedras preciosas. Por último, quería que le pusieran las dos manos para que quedaran fuera del ataúd. Alejandro explicó que, al hacerlo, deseaba impartir tres lecciones a los vivos. En primer lugar, no importa cuán grande sea la habilidad de un médico, no pueden salvar la vida de las personas; no pueden determinar la vida y la muerte de una persona. En segundo lugar, no vale la pena pasar toda una vida en la búsqueda de la riqueza; es una pérdida de tiempo precioso. Y finalmente, cada uno de nosotros viene a este mundo con las manos vacías, y nos iremos con las manos vacías. No podemos llevarnos nada.


Alejandro Magno pasó con grandes remordimientos, y mientras estaba en su lecho de muerte utilizó sus propias experiencias personales para advertir a los demás: Dedicar una vida a acumular riqueza es inútil, ya que no importa lo rico que seas, no puedes comprar una vida de vuelta, y ciertamente no puede extender su vida por un solo segundo. Tristemente, no tuvo esta revelación hasta que estuvo al borde de la muerte. Algo que el Señor Jesús dijo saltó a mi cabeza: “Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Mateo 16:26). Realmente es verdad. En cuanto a nosotros los humanos, la vida es más grande que todo lo demás, y si perdemos nuestras vidas, no importa cuánto dinero tengamos, también puede ser un montón de basura. No sirve de nada. A pesar de que Alejandro Magno utilizó sus propias experiencias personales para compartir esta lección con los que lo persiguen para que no cometan los mismos errores que él cometió, por desgracia, esto no provocaba un despertar para las personas. La mayoría sigue yendo por el camino equivocado que siguió Alejandro en sus actividades: están ocupados desde el amanecer hasta la noche, todos los días, corriendo de un lado a otro, trabajando duro, y algunos incluso emplean todo tipo de otras tácticas sólo por el bien de ganar más dinero y disfrutar de un estilo de vida de clase alta. Entonces no pude evitar pensar en mi propio padre…

Desde que tuve la edad suficiente para notarlo, mis únicas impresiones de mi padre eran verlo desde atrás mientras se lanzaba a ganar dinero, a levantarse temprano y a trabajar hasta la noche. Un día de repente se desmayó del agotamiento y nunca se despertó de nuevo. Su repentina muerte fue una gran tragedia para la familia, y la gente que todos conocíamos exclamó: “¡Parecía perfectamente bien, pero se fue así! No importa cuánto dinero ganó, ¿de qué sirve sin una vida para vivir? ¿No terminamos todos con las manos vacías de todos modos? La muerte de mi padre me dejó con sentimientos de dolor, de sufrimiento y de arrepentimiento por él. Pensando en él que trabajaba tan terriblemente duro para cuidar de la familia y poner comida en la mesa, lo frugal que era y cómo apenas se tomaba un descanso durante la mayor parte de su vida, pero al final siempre estaba con las manos completamente vacías, dejando este mundo con tantos remordimientos.... No pude evitar suspirar, y preguntarme: ¿Por qué la gente vive de esa manera? ¿Cuál es el valor y el propósito de la vida humana?

Más tarde encontré la respuesta, en la palabra de Dios: “Dios mismo, el único III” Las palabras de Dios dicen: “Las personas gastan su vida persiguiendo el dinero y la fama; se agarran a un clavo ardiendo, pensando que son sus únicos apoyos, como si teniéndolos pudiesen seguir viviendo, eximirse de la muerte. Pero sólo cuando están cerca de morir se dan cuenta de cuán lejos están estas cosas de ellas, cuán débiles son frente a la muerte, cuán fácilmente se hacen añicos, cuán solas y desamparadas están, sin ningún lugar adónde ir. Son conscientes de que la vida no puede comprarse con dinero ni fama, que no importa cuán rica sea una persona, no importa cuán elevada sea su posición, todas las personas son igualmente pobres e intrascendentes frente a la muerte. Se dan cuenta de que el dinero no puede comprar la vida, que la fama no puede borrar la muerte, que ni el dinero ni la fama pueden alargar un solo minuto, un solo segundo, la vida de una persona”. “Aunque las diversas habilidades de supervivencia en cuya maestría las personas malgastan sus vidas pueden ofrecer abundantes comodidades materiales, nunca traen al corazón de uno verdadera paz y consuelo, sino que en su lugar hacen que las personas pierdan constantemente su rumbo, tengan dificultades para controlarse, se pierdan cada oportunidad de conocer el sentido de la vida; y crean un trasfondo de problemas acerca de cómo afrontar apropiadamente la muerte. De esta forma, las vidas de las personas se arruinan”. Leyendo estas palabras de Dios, no pude evitar cavilar: Todos nosotros realmente vemos el dinero como lo más preciado que la misma vida, y todos pensamos que si tenemos dinero, lo tenemos todo. El dinero es nuestro pilar, es nuestra moneda para disfrutar de una vida agradable, y estamos constantemente ocupados con nuestros esfuerzos para ganar más y más dinero. Cuando algunos de nosotros empezamos a trabajar, sólo estamos tratando de alimentar a nuestras familias, de salir adelante, pero una vez que ese objetivo se logra nuestros estándares suben, y comenzamos la lucha por comprar una casa y un coche. Una vez que conseguimos esas cosas, seguimos adelante para que podamos llevar un estilo de vida de clase alta con un coche elegante y una casa grande. Nunca nos detenemos a tomar un respiro, no hay fin para ello. Algunas personas incluso se desgarran físicamente en su búsqueda de dinero y mueren por exceso de trabajo, renunciando a su propia vida. A pesar de todo esto, cada uno de nosotros continuamos siguiendo el camino para hacer dinero, sin importar un bledo por cosas aparentemente ajenas al dinero o la fama. Nos detenemos y reflexionamos sobre la vida de vez en cuando, preguntándonos: ¿Por qué estamos vivos? ¿Cuál es el valor de la vida? ¿Podría el dinero ser realmente la búsqueda a la que estamos dedicando toda nuestra vida? ¿Qué clase de vida debería vivir realmente la gente? Sin embargo, no nos tomamos el tiempo para buscar las respuestas, pero una vez más nos vemos atrapados en las tendencias malignas de la sociedad y seguimos corriendo por ese camino. Poco a poco, desperdiciamos lo que queda de nuestras vidas. Cada persona está actuando esta misma tragedia de siempre, y aunque sabemos que no podemos comprar la vida con nuestro dinero, somos incapaces de escapar de esto. Sólo estamos arrastrados por nuestros deseos, sin darnos por vencidos en nuestra lucha por ganar dinero hasta que nuestros cuerpos se derrumben por el agotamiento y el exceso de trabajo. Es sólo entonces cuando comenzamos a sentir arrepentimiento y miedo, cuando la muerte está en nuestra puerta finalmente tenemos un gran despertar. ¿No es demasiado tarde para entonces?

Puesto que carecemos de la capacidad de trascendernos a nosotros mismos, ¿quién puede ayudarnos a escapar de los grilletes en la persecución del dinero? Leí estas palabras de Dios: “Existe una forma muy simple de liberarse de este estado: decir adiós a la antigua forma de vida de uno, a los anteriores objetivos en la vida, resumir y analizar el estilo de la vida, visión de la vida, las búsquedas, los deseos y los ideales, y compararlos después con la voluntad y las exigencias de Dios para el hombre, y ver si todos ellos son acordes con estas, si todos ellos transmiten los valores correctos de la vida, llevan a uno a un mayor entendimiento de la verdad, y le permiten vivir con humanidad y semejanza humana. Cuando investigas repetidamente y analizas cuidadosamente los diversos objetivos de la vida que las personas persiguen y sus diversas formas diferentes de vivir, verás que ninguno de ellos encaja con el propósito original del Creador cuando creó a la humanidad. Todos ellos apartan a las personas de Su soberanía y Su cuidado; son todos pozos en los que la humanidad cae, y que la llevan al infierno. Después de que reconozcas esto, tu tarea es dejar de lado tu antigua visión de la vida, mantenerte alejado de diversas trampas, dejar a Dios que se haga cargo de tu vida y haga arreglos para ti, intentar someterte solamente a las orquestaciones y la dirección de Dios, no tener elección y convertirte en una persona que lo adora a Él” (“Dios mismo, el único III”).

Las palabras de Dios nos señalan un camino. Cuando estamos inmersos en el vórtice de la riqueza material y no podemos librarnos de nosotros mismos, viviendo con tanto dolor, es porque hemos sido tan profundamente corrompidos por Satanás y hemos estado impregnados de leyes falaces de supervivencia tales como: “El dinero es lo primero”, y “El dinero no es omnipotente, pero sin él no se puede hacer absolutamente nada”. Hemos sido engañados y corrompidos por estas perspectivas erróneas y tratamos el dinero como lo más digno de la búsqueda, como el objetivo adecuado para nuestras vidas. Planeamos, luchamos, nos destrozamos el cerebro para ganar más dinero. Gastamos toda nuestra energía y, como resultado, crecemos cada vez más lejos de Dios, los recovecos más profundos de nuestras almas se vuelven cada vez más vacíos, y vivimos con sufrimiento y dolor. Claramente, esto se lleva a cabo porque, después de ser corrompidos por Satanás, establecemos una perspectiva equivocada de la vida y los valores. Pero una vez que hemos visto a través de cómo Satanás nos corrompe, llegamos a ser capaces de dejar de lado realmente esos puntos de vista equivocados y ya no consideramos el hacer dinero y ganar la fama como nuestras únicas persecuciones. Esta es la única manera en que podemos vivir en paz y a gusto. La verdad es que es Dios quien determina cuánto dinero y cuántas posesiones puede acumular cada persona. Nuestras propias luchas, nuestras propias revueltas no pueden cambiar eso. Mientras regresemos ante Dios, aceptemos Su salvación, demos todo lo que tenemos a Dios y lo miremos, obedeciendo Su mando y Sus arreglos, entonces podremos escapar del vacío y el dolor de la vida humana, obteniendo verdadera paz y felicidad.

Está registrado en la Biblia que Job era un hombre totalmente recto que temía a Dios y evitaba el mal. Era muy rico y era el más grande de todos los hombres del este en ese momento, pero en el curso de la tentación de Satanás y la prueba de él, todas sus posesiones fueron tomadas por ladrones, sus hijos perecieron en una calamidad, y él mismo estaba cubierto de forúnculos increíblemente dolorosos de la cabeza a los dedos de los pies. Sin embargo, nunca culpó a Dios. En cambio, se sometió al mando y los arreglos de Dios, postrándose ante Dios en oración: “Salí desnudo del vientre de mi madre y desnudo regresaré a él; Jehová dio y Jehová quitó; bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21)*. Job poseía un corazón de reverencia por Dios, por lo que creía que la riqueza material de las personas no era algo que habían ganado a través de su trabajo duro, sino que estaba determinado por la orden de Dios. Así que, si Dios daba, o si Dios quitaba, estaba totalmente dispuesto a someterse a Dios y no lo culparía. Job no buscó obtener más posesiones; más bien, trató de lograr una reverencia genuina y sumisión a Dios. Esto le permitió a Job ser testigo de Dios y avergonzar profundamente a Satanás, dando toda la gloria a Dios. Dios entonces elogió a Job con una riqueza aún mayor y una vida extremadamente larga, así como a los niños más bellos del mundo. También habló con Job de una tormenta para poder obtener una comprensión aún más profunda de Dios. Job no se quedó con ningún remordimiento en la vida; murió lleno de días. Podemos ver en el testimonio de Job por Dios que la búsqueda humana de la riqueza está desprovista de significado, que sólo buscando el conocimiento de Dios, sometiéndose al mando y los arreglos de Dios, y temiendo a Dios y rehuyendo el mal por toda una vida podemos vivir bajo el cuidado y la protección de Dios, y lograr la verdadera felicidad, liberación y libertad. Este es el único tipo de vida que tiene verdadero valor y significado.